HISTORIA DE UNA COLECCIÓN

Aunque la historia de una colección de sellos no sea nada interesante, a veces, es necesaria, aunque sea  por el siguiente motivo: agradecer a los que me ayudaron a formarla.

Cuando tenía yo doce o trece años, -no lo recuerdo bien- pude ver por vez primera una colección se sellos. Era bastante buena,  pero su propietario era muy receloso con respecto a la misma, a mi me pareció un tipo raro, -hoy puede que yo sea también un tipo raro-, pues no le pude observar ningún interés en compartir los sellos repetidos que tenía por miles. Obviaré el nombre de este coleccionista aunque tengo que reconocer que despertó en mí el deseo de seguir sus pasos en el mundo del coleccionismo, a pesar de que él se reía de mí cuando yo orgullosamente le enseñaba algún sello que a mi me parecía raro. Siempre despectivamente, me decía: “Ese es corriente, ¡no vale ná!

Pasó el tiempo, y por mi situación laboral, tenía que abrir muchas cartas y paquetes de correos, y así pude comenzar a coleccionar sellos, matando el gusanillo que había despertado en mí el gran coleccionista.

Ya tenía yo bastantes sellos, -podrían ser mil o dos mil-, pero el gran coleccionista, seguía sin querer cambiarme los “repes”, porque mis sellos tenían muy poco valor para él. Aquello me ofendía y así comencé a tantear a otro coleccionista que tenía más sentido cultural de coleccionar y no tanto de la valoración comercial de las colecciones. Con éste si que pude cambiar sellos, se llamaba Manuel Cuesta Leyva, -gran amigo y gran persona- y fue con quien pude ampliar mi colección, intercambiándonos los sellos “repes”.

Además de Manolo Cuesta, que me cambiaba los “respes” quiero dar las gracias desde aquí, a todo los que voluntariamente me daban sellos, sin tener que pedírselos, cuando supieron que yo era coleccionista. Entre ellos, están los padres jesuitas, que ya no están con nosotros, como son el P. José Antonio de Aldama, Eduardo Moore, Augusto Segovia –Ilustre Bibliotecario-, Antonio Due Rojo,  -entonces director del Observatorio de Cartuja- y Ricardo Franco, y también a los que todavía hoy se acuerdan de mí como son el padre Gabriel Verd, -sucesor del P. Segovia en la Biblioteca de la Facultad-, a Carlos Domínguez, a Juan Antonio Estrada, Manuel Sotomayor, a los hermanos Manuel Reyes y José Gómez, a José Luis Ladrón de Guevara, y ahora también a mis compañeras y compañeros de trabajo, sobre todo a Luna Terrer, que es la que recibe las cartas y revistas de la Biblioteca y por último a Ingrid Gijón, buena amiga y mejor persona. Como estoy seguro que me olvido de alguien, también le doy las gracias. Yo solo puedo tener palabras de agradecimiento para ellos, y siempre les digo que mi colección también es la de ellos. ¡MUCHAS GRACIAS! porque he aprendido mucho de los sellos y también de las personas.

Aparte de ello, yo se que inicié en este “saludable vicio” a unas cuantas personas que les “daba la paliza”, hablándoles de los sellos, o dándoles los sellos “repes”. Cuando pude, también hice alguna exposición intentando fomentar el coleccionismo.