CARMEN DE LAS TRES ESTRELLAS

Las "tres estrellas" sobre la puerta de entrada
Las "tres estrellas" sobre la puerta de entrada

CARMEN DE LAS TRES ESTRELLAS

(o Casa de las tres Estrellas)

Placeta de las Estrellas

GRANADA

 

Enclavado en el alto Albaicín, se encuentra este carmen conocido sobre todo en los ambientes literarios del siglos XIX y XX, porque allá por el año 1899, allí mismo, Antonio Joaquín Afán de Rivera reunió a figuras granadinas del arte y de la literatura para rendir homenaje al novelista Manuel Fernández y González, como recuerda la lápida que mostramos en las fotografías.

 

Pero aparte de esta conmemoración, está la leyenda de "La casa de las tres Estrellas" que escribió el ilustre médico granadino D. Fidel Fernández con el pseudónimo de Aclespios en sus Antiguallas Granadinas que publicaba en el periódico Ideal:

 

"En tiempos antiguos vivía en el Albayzín una príncipe moro, cuyo palacio ocultábase entre jardines llenos de frutas y de flores, con arboledas aromáticas y estanques en los que nadaban los peces más bellos del mundo. Por un lado, deban vista las celosías de la vivienda a la famosa Vega de Granada, notable por su alegre, rica y variada vegetación; y por el otro, a las cumbres de Sierra Nevada, eternamente envueltas en un sudario de hielo.

En esta morada deliciosa, trasunto de los encantos del Edén, crecieron las tres hijas del magnate, servidas por esclavas, que adivinaban sus deseos. La mayor, puesta desde el nacimiento bajo los auspicios del hada de las aguas, gustaba de zambullirse y de nadar en los estanques, y de contemplar su propia imagen en el terso espejo de la alberca. La segunda, a quien la diosa de los vientos había servido de madrina, era arrebatada y nerviosa, con el genio intrépido y el espíritu emprendedor y decidido. La tercera, dulce, tímida y sensible, cuidaba de los pajarillos y las flores, con arreglo al soplo que le infundiera su protectora, la maga de las mariposas. Las tres recibieron de sus bienhechoras idéntico regalo: una sortija de oro, con bella estrella de diamantes. En las tres leyeron los astrólogos un horóscopo igual: se casarán con un gran rey, que se dará a conocer por un anillo como el que les han entregado en el momento de nacer.

Una noche, que por haber marchado su padre a un rebato en la frontera, quedaron sin vigilancia las princesas, discurrieron pasearse bajo las frondas del jardín, u como al arrullo de los ruiseñores quedáranse dormidas, soñaron que tres jóvenes guapísimos, radiantes de juventud y de belleza, con ricas vestiduras y porte señorial, entraban silenciosamente en la glorieta y puestos de hinojos cantábanles amores en melodiosa conversación.

El idilio se prolongó toda la noche, hasta que la luz primera del día puso en movimiento a la servidumbre del palacio, a cuyo ruido se despertaron las doncellas, viendo con sorpresa que en el anular de cada mano lucía, en vez de la estrella de diamantes, otra de vivísimos colores, formada por piedras de la más rara fantasía.

Días después, detúvose a la entrada del jardín vistosa caravana de palaciegos lujosísimos, cargados de ofrendas y regalos. Con ellos venía el embajador de un rey muy poderoso a pedir para sus hijos, que había de heredar cada uno un reino, la mano de las tres bellísimas princesas, entregando, como gaje de la solemne petición, los anillos con diamantíferas estrellas que tan misteriosamente fueron sustituidos por otros de colores la noche del ensueño.

Con la boda, en aquel momento concertada, ciñeron corona real las tres lindas habitantes del palacio, y aunque fuéles preciso partir para tomar posesión de sus Estados, no quisieron desprenderse de los jardines que recordábanles su idilio, y en cuya entrada mandaron grabar las tres simbólicas estrellas que eran emblema de su felicidad.

 

He aquí por qué -si no es falsa la leyenda que os acabo de contar- se ve todavía sobre un ruinoso portalón del Albayzín, la lápida de mármol con un trinca de luceros que da nombre, tradición y fama a la "Casa de las tres Estrellas".