LAS ALPUJARRAS

 

 

 

 

Fotografía de uno de los tinaos

de los muchos quedan en los pueblos

 de la Alpujarra.

       “Escribir sobre La Alpujarra ha constituido siempre, una tarea apasionante.” Con estas palabras comienza el libro La Alpujarra de D. Miguel J. Carrascosa Salas, publicado por la Universidad de Granada en 1992, y que es probablemente el mejor libro actualizado sobre esta hermosa comarca.

            Mi conocimiento de La Alpujarra es mínimo, pero mi apasionamiento por esta tierra es grande, por haber nacido en ella, y seguir viviendo en sus proximidades, y es por ello por lo que hago esta pequeña reseña.

            Geográficamente es una comarca del sur de España, que delimita por el oeste con Lanjarón, con las Sierras de Lujar, Sierra del Jaral, y baja hasta Calahonda; por el Norte con la cara sur de Sierra Nevada, al Sur con Albuñol, Adra, y El Ejido, y al Este con Alhama de Almería, Alboloduy y parte de Sierra Alhamilla y hundido en todo su centro el Río Guadalfeo que presiona a diario la espina dorsal de la comarca, dejando a un lado Sierra Nevada, y al otro La Contraviesa. Pero siempre es difícil de delimitar. Para empaparse a fondo remito a esta página.     

Aprovecho para citar a D. Francisco Izquierdo en el prólogo de su libro El apócrifo de la Alpujarra Alta.

            “…la existencia de dos ‘Alpujarras’ no necesita demostración cuando tantos y tantos autores interesados han invertido años en su auptosia. Muchos atajan limpiamente con un singular que abarca desde las cumbres penibética al Mediterráneo, desde el Andárax a la Junta de los Ríos, en Orjiva. Unos miden en leguas y otros en términos municipales. Muchos caen en la cuenta de la altitud y la Alpujarra puede ser alta o baja según las cotas, con lo que emparejan a Capileira con los Bérchules, por igual talla, o a Mecina Bombarón con Bubión. Los más, largan el trazo sobre el mapa y abran espacios tan dispares como Ugíjar y Pitres. No queremos entrar en polémicas infecundas, tampoco vamos a ingeniar demostraciones”

            Vuelvo a recordar la obra de  D. Miguel J. Carrascosa Salas en la que podéis encontrar todo sobre esta maravillosa tierra, y si se quiere profundizar más sobre ella, completar con las obras que este autor cita en su extensa bibliografía.

            Por último, no me queda más remedio que (a los que os interese), deciros, que lo mejor es visitarla, “patearla” con mochila, en coche, en bicicleta. De cualquier forma os encontrareis con unas gentes extraordinarias, y con una belleza inigualable. 

 

Francisco Pelegrina López

 

TEXTO DE PASCUAL MADOZ SOBRE ALPUJARRAS

MAPA EN LA POBLACIÓN DE TORVISCÓN
MAPA EN LA POBLACIÓN DE TORVISCÓN

Tiene este nombre un distrito o territorio, montuoso que se estiende 17 leguas de E. a O., desde Motril, en la provincia de Granada, hasta Almería, y que ocupa 11 leguas de anchura desde la costa del Mediterráneo hasta la larga cordillera de Sierra Nevada. Todo este territorio que perteneció hasta el año 1833 a la provincia de Granada, y que por la nueva división territorial practicada en aquel año, forma parte de aquella y de la provincia de Almería, constituyó hasta dicha época el partido judicial denominado de Alpujarras, cuya capital era Ugijar, y se componía de los pueblos que figuran en el adjunto estado, en el cual se espresa la correspondencia de estos mismos pueblos a los actuales partidos judiciales.

 

PUDBLOS DE LA ALPUJARRAS EN 1856
PUDBLOS DE LA ALPUJARRAS EN 1856

Asimismo se consideran pueblos de la Alpujarra, Berja y Dalías por tener su situación en el escabroso terreno de donde toma su denominación, y también porque dependieron en otro tiempo del corregimiento de Ugijar. Antiguamente se consideraban pueblos del mismo territorio, Caratauna, Bayas y Soportujar.

Comprende este territorio varias sierras de considerable altura, que forman grupos compuestos de muchas cordilleras, que toman nombres particulares como Sierra Bermeja, Sierra de Gado etc.[1] Ésta última y la Contraviesa, llamadas por los árabes Montes del Sol y del Aire, que son el núcleo o armazón de las Alpujarras, forman parte del sistema Bético[2], que si no es el más extenso, es sin duda el más notable de todos los demás por su elevación, y pueden considerarse como dos estribos muy altos en línea paralela a la sierra Nevada, entre ésta y el Mediterráneo.

El terreno de Las Alpujarras es áspero y de suyo muy quebrado, a excepción del pequeño Valle de Andarax, por cuya causa la mayor parte esta inculto; pero en aquellos parages que han sido susceptibles de recibir la benéfica impresión de la mano laboriosa del hombre, allí ostenta la naturaleza lo más rico y variado de sus frutos, y ofrece el cuadro más encantador con que pueden brindar para que se elija por morada[3]. Cortado este terreno por valles profundos en dirección de Norte a Sur, es abundante en aguas, como que en el brotan muchas fuentes que forman arroyos, ríos y vistosas cascadas. Despréndense de las cordilleras de sierra Nevada el río Almería o Andarax, que se une al nombrado de Ohanes, y ambos desembocan en el mar, junto a Almería: los de Adra y Alboloduy, cuyas descripciones particulares hemos publicado: el de Nechite que se incorpora con el de Valor, cuyo origen se halla en la misma sierra; el de Berchul y el del Barranco de Poqueira, que se juntan en las inmediaciones de Órgiva, desde donde toma ya este nombre, y va a desaguar junto a Motril.

En el puerto llamado de la Ragua nace un río poco caudaloso, escepto en el invierno en que recibe aumento su corriente, y se denomina también de la Ragua; fertiliza y baña el pueblo de Bayarcal y los términos de Laroles, Picena, Cherín, Lucainena, hasta llegar junto a Darrical, donde se une al de Yátor. Este trae su origen del Barranco de Mecina-Bombarón, y antes de unirse a dicho río de la Ragua, baña los términos de Yator y Jorairata, pasando por Iscariantes, última fortaleza que tuvieron los moriscos en este partido y cuyas ruinas existen todavía: recorre luego la pequeña vega de Benivar y fuentes de Marbella, que son baños medicinales del término de Berja, y va a desaguar en el Mediterráneo por Levante. Y por último los ríos denominados de Paterna y Laroles, que se reúnen a los dos últimamente mencionados en las inmediaciones de Darrical.

Todos estos ríos, y otras muchas corrientes que sería muy prolijo enumerar ahora, puesto que en los artículos de los pueblos por donde pasan, hemos de hacernos cargo de ellas, llevan por lo común muy poco agua fuera del invierno, a excepción del río de Órgiva, que en algunas épocas del año se necesitan vadeadores para pasarlo por no haber puente alguno, a pesar de que por espacio de muchos años se exigió un impuesto para formar el que se principió, y en una de las avenidas del río quedó tan destruido, que apenas se conocen en la actualidad sus cimientos.

Fertilizado, pues, el territorio de las Alpujarras, con tantos manantiales de ricas y cristalinas aguas; reúne además el privilegio especial de hallarse refrescado con los ventisqueros de las sierras, y caldeado por los aires calurosos de África. Así que en un solo día se puede pasar desde una playa ardorosa, cubierta con el verdor de los trópicos, hasta las cumbres heladas donde llega a desaparecer la vegetación; siendo tan vario el aspecto que ofrece la naturaleza, que en muy pocas horas se pueden recorrer todos los climas, desde el ecuador a las regiones polares, son muy pocas las plantas que no pueden cultivarse al aire libre. Cerca de la costa prospera el algodón y la caña dulce, y han llegado a aclimatarse un gran número de vegetales de la zona tórrida, como los ananos, el café y el añil. Las últimas plantas que allí se encuentran son las de los montes Hiperbóreos, el androsace setentrional, la sabrina de Noruega, la sagifraga o quebranta-plantas de Groenlandia, mezcladas y confundidas con los sauces herbáceos de la Laponia. Las principales producciones son de vino, aceite, cebada, centeno, almendras y seda: los pastos son admirables, y con ellos se mantiene mucho ganado lanar y de cerda, cuyos perniles son esquisitos : hay una multitud de plantas medicinales; aguas medicinales ferruginosas en el término de Berchul, que produce un asombroso efecto en las enfermedades gastritis crónicas y epatitis del mismo género; bosques de árboles frondosos y frutas delicadas; canteras de piedra esquisita, y minas de diferentes clases, especialmente de galena plomiza en sierra de Gádor, en tanta abundancia, que este país que antes parecía la cuna de la escasez y de la abyección, y cuyos moradores proletarios, empobrecidos con el narcótico de la miseria, yacían en el estupor de la molicie y en el olvido; este país, repetimos, descubiertos los inmensos tesoros encerrados en las metalíferas entrañas de la privilegiada sierra de Gador, ha cambiado enteramente el aspecto, y se halla transformado en otro de opulencia, de riqueza y de ilustración.

Cruzan este territorio varios caminos principales de N. a S. hacia la costa: 1º en su parte más occidental, el que va a parar a Motril desde Granada: 2º el que con la misma procedencia pasa por Padul, Mondújar, Tablate, Lanjarón, Torbiscón y se dirige a Albuñol: 3º el de Ugijar a Berja y Adra; y 4º el que desde Granada, pasando por Guadix, Abla, Gergal y otros pueblos va a parar a Almería. Además de estos caminos, siempre difíciles por lo escabroso del terreno, hay otros de comunicación de pueblo a pueblo, por lo regular en mal estado, que se ponen intransitables en ciertas estaciones.

La elevación arramblada o entrecortada de todo el país, en que apenas se observa un pequeño llano, le constituye naturalmente fuerte y defendible a poca costa; por eso ha sido en distintas épocas teatro de notables acontecimientos de que vamos a ocuparnos.



[1] La importancia que por si tienen las sierras enclavadas en el territorio de las Alpujarras, nos obliga a dedicarles artículos separados, en los cuales descenderemos a examinar las circunstancias particulares que concurren en cada una de ellas.

[2] No existiendo en nuestra Península una cordillera de montañas de donde partan, como ramificaciones suyas, la multitud de crestas y elevados cerros de que está erizado el territorio español, pueden referirse a seis los sistemas montañosos que en él existen; 1º Sistema Pirenaico; 2º Ibérico; 3º Carpetano-Betónica; 4º Lusitano ; 5º Mariánico y 6º Bético.

[3] Como prueba de la fertilidad del territorio de las Alpujarras, basta decir que en la vega de Ugijar, capital de su antiguo partido un marjal que comprende 25 varas en cuadro de tierra, vale por lo común en venta 1.200 hasta 1.500 reales, y produce en reata anual 1 ½ y 2 fanegas de trigo.

 

HISTORIA

 

Estrabón miró esta montaña como un ramal del monte Orospeda, siendo uno de sus cabos Sierra Morena, y avanzando otro por el s. hasta al Calpe. Ptolomeo dejó al Orospeda en la Tarraconense, y contando entre ellos dos montes de mas nombradía de la Bética, el Ilipula que coloca a los 7º 20’ de longitud, y 37º 30’ de latitud (según la edición Argentina), cuya altura de polo es la misma de Nebrija y Carisa; este es sin duda el nombre con que se conoció en lo antiguo la montaña de Las Alpujarras Aunque Estrada supone haberse llamado del Sol; según el testimonio de Plinio, este monte, es decir el Mons Solorius del que sin duda hablará Estrada, era el que dividía a la España Tarraconense de la Bética, llamándose hoy Sierra Nevada, pues esta sierra es la que forma el oriente de la antigua Bética, y la divide en la Bastitania. Tampoco en la interpretación de la voz Solorius que presenta Estrada diciéndola del Sol, puede determinarse con seguridad: San Isidoro de Sevilla, en sus etimologías, dice, llamarse Solorius a singualitate; porque es el que se eleva sobre todos los montes de España; o porque apenas aparece el solo, o antes de aparecer ya le inflaman sus rayos. El nombre que corrompido hoy, se dice Alpujarras, fue dado a esta montaña por los árabes: Romey, con Mr. De Sacy, supone que Suar el Kaisi y otros revoltosos de la Andalucía oriental, levantaron por las serranías de Granada algunas fortalezas, llamadas Al-Bord-jela (Castillo de los aliados), de cuyo nombre estragado ha venido a formar el de Alpujarras. Xerif Aledrix y Conde han congeturado mejor llamarse Alpujarras de Al Bug scharra que se interpreta sierras de yerba o de pastos. No encontramos fundamento alguno a la opinión de los que suponen venir el nombre Alpujarras de haber poblado estas montañas un moro llamado Abrain Alpujar: ni por ser tierra guerrera, como dice Nebrija, ni tampoco encontramos bastante razón en la corruptela que quiere traer Cortés de Ilipula, Ilipuja, Alipuja-acra, Monte Ilipuja; pues no se ofrece, como se haya traducido la voz mons en acra, aunque se presente propia la aplicación de ambas voces unidas ili y acra equivaliendo a decir Mons altus en el idioma que se habló despues de la época en que se estendieron así la raíz ili ohil, como acra en el territorio ibérico; pues si bien es natural la conversión de las raíces ili y acra en Mons altus, y mons altus en Monte alto, no lo es que de Monte alto haya venido al segundo y a decirse ili acra en el tercero. El moro Rasis ensalzando a Abdalaziz, dice, no haber quedado nada en España de que no se hiciese dueño, escepto las montañas de Asturias; no obstante Florián de Ocampo afirma, que en gran parte de estas sierras quedó sin ser conquistada a causa de su aspereza. Nótase, en la historia de Ben Kietib Alsalami, la mucha población de este territorio. Eran sus moradores estraordinariamente belicosos. Rebeldes al emir de Córdoba, capitaneados por Suar ben Hamboun el Caisi que se titulaba rey de las alpujarras, alcanzaron una gran victoria en las campiñas al Sur del Guadalquivir, matando 7.000 hombres al wali de Jaén Gaud ben Abd el Gafir que quedó el mismo prisionero; y se tendieron por toda la provincia(año890). Despechado Abdalá, acaudilló fuerzas, y buscó el encuentro del Kaisi que le esperaba en la falda de la Alpujarra; fue el Kaisi batido, cayendo prisionero, y presentado al emir, le mandó cortar la cabeza, que envió a Córdoba con la noticia de su victoria (por los meses de junio o julio del mismo año). Algunos historiadores le traen sobre los años de 894 tomando a Granada; pero es un error cronológico. Almed ben Mohamed el Hambdani, fue nombrado por la morisma serrana su caudillo (año 919), y fortificó crecido número de castillos en las alpujarras. Las tribus de estas montañas se manifestaron contra el nombramiento del califa Soleiman, hecho en Córdoba (año 1009). Los edrisitas dominaron todas sus vertientes menos el territorio  de Almería. Encontráronse los alpujarreños bajo las banderas del caudillo Mohamed ben Said en 1162, marchando contra los almohades hacia Granada. Entregó el rey moro las Alpujarras a los Reyes Católicos, después de tomada Baza (año 1490). Rebeláronse los alpujarreños l siguiente año, y no logró pacificarlos el rey D. Fernando, sino con mucho trabajo, y nombró un gobernador para este país. Varias veces repitieron  el grito de libertad contra un yugo que no podían soportar; pero la rebelión mas considerable fue a mediado del siglo XVI. Reunidos los principales en Cadiar, pueblo situado en la estremidad de la montaña, nombraron por su rey (año 1569) a D. Fernando de Valor, joven de mucha intrepidez y talento, de edad de 25 años; siendo descendiente de los reyes de Granada, tomó el nombre de Aben-Humeya que había sido el de sus abuelos; empezó el uso de sus facultades, y se gobernó con tanto secreto que la corte de Felipe II nada pudo penetrar cuando ya todos los habitantes de las alpujarras estaban armados. El marqués de Mondéjar, entrando en algunas sospechas, pidió mayor número de tropa; pero Deza se opuso por competencias particulares entre ellos, y se negó el refuerzo. Aben-Humeya que trataba apoderarse de Granada, hizo sus tentativas para ello; y entonces fue cuando el Rey mandó fuerzas a Granada. Entre tanto Aben-Humeya fortificaba los desfiladeros y las gargantas por donde se debía pasar para llegar a las Alpujarras., y puesto al frente de un cuerpo dio el mando de otro a Aben-Farax, primer motor en la insurrección. Visitaron los pueblos, destruyeron los altares e imágenes, convirtiendo en mezquitas las iglesias; dando muerte a los sacerdotes y a todos los que no querían abrazar el mahometismo. El marqués de Modéjar, luego que recibió los refuerzos, salió a sofocar la rebelión: halló alguna resistencia en las montañas; pero al fin Aben-Humeya tuvo que retirarse a lo mas inaccesible de ellas, y en pocos meses fueron reducidas las Alpujarras y sometidos los rebeldes. El rey Felipe queriendo evitar nuevas sublevaciones, mandó que los prisioneros mayores de once años, sin distinción de sexo ni condición, fuesen vendidos como esclavos, lo que irritó a los moros de tal manera, que volvieron a las armas. Mondéjar no tenía para pagar los soldados; perdió su autoridad, y se desertaron no pocos, saqueando los pueblos y matando a muchos moros, por lo cual acabó de excitar la rebelión bajo las órdenes del mismo Aben-Humeya. La guerra se hizo con gran calor: el marqués de Mondejar trataba con notable consideración a las vencidos, en la persuasión de que muchos eran cristianos, (bajo este hombre habían fraguado su conspiración); pero acusado de inteligencias con ellos, no dio cuartel a los vencidos, acción bárbara que le desacreditó. El marqués de los Vélez entró en las alpujarras, donde tuvo varias acciones con los moriscos, pelando estos con el mayor valor y obstinación,  y no pocas veces hicieron retirar, con gran perdida, a las tropas del marqués, el cual no quiso obrar de concierto con Mondéjar, produciendo sus particulares desavenencias, graves perjuicios a la causa nacional. Gran cuidado dio esta guerra a la Monarquía; el Rey pasó más del marqués de Mondejar y el de los Velez, eran Gil de Andrade, comandante de las galeras de España, D. Luis de Requesens con las galeras de Nápoles, y el marqués de Santa Cruz; últimamente fue señalado por general de la empresa a D. Juan de Austria; asistente para el consejo el duque de Sesa, nieto del gran capitán Luis de Quijada, presidente de Indias, y otros caballeros. Después de varios sucesos de ambas partes en que pelearan hasta las mujeres como amazonas, los mismos conjurados mataron a Aben-Humeya y eligieron en su lugar a Dalá-Aben-Aboh: también este murió a manos de los suyos: así entre ellos mismos se iban destruyendo; con lo que cesó aquella guerra a fines del año 1570. Despobló el Rey todo este territorio y lo mandó poblar de cristianos antiguos, siéndolo de gente de varios reinos de España, en especial de Extremadura. Desde entonces, no solo ha estado pacífico, sino que sin necesidad de otras milicias ni armas, los mismos paisanos han defendido sus costas de los enemigos de la corona, como se ha visto en varias ocasiones, particularmente a principios del siglo pasado. Las milicias de país fueron varias veces a Almería, Motril, Adra y Málaga; el año 1706 acudieron a defender a Murcia de los ingleses; y el de 1719 pasaron a Ceuta a sostenerla contra moros. En toda la costa había atalayas para descubrir  los enemigos en el mar, daban aviso con hachones encendidos, y con humadas a los pueblos vecinos, donde se tocaba a rebato; y salía la gente de guerra a la playa que le tocaba. En cada pueblo había una o dos compañías de milicias vivas, con obligación de acudir a cualquiera hora a los arrebatos con todos sus oficiales. Proponía al alférez el capitán, y le señalaba el capitán general. Este proponía al capitán, y el elegía el Rey por real cédula. Residía el capitán general de la costa de Vélez-Málaga, y tenía un letrado que era auditor general de guerra, para las causas que se presentaban. En atención a estos continuados servicios, expidió el Rey un decreto, dado en el Buen Retiro a ll de agosto de 1716, que dice así:

“Teniendo consideración al continuo servicio que ejecutan las compañías de milicias del partido de las alpujarras, y de toda la costa de Granada, asistiendo a su socorro en los arrebatos, que ocasionan los insultos de los moros, que penetrarían la tierra dentro, si faltase esta oposición y defensa; y por lo que su conservación es conveniente y útil a mi real servicio, he resulto, que a los capitanes y oficiales de estas compañías, se les conceda y mantenga el fuero militar en lo criminal, según y en la forma misma que por lo pasado tenían y se les había suspendido, mediante lo dispuesto en las últimas órdenes, de que solo le gocen los que tuviesen sueldo por la tesorería mayor.”

 

En el año 1810, la presencia del general Blanque hizo que se levantasen en este país partidas contra los franceses. Sus pueblos son sumamente entusiastas de la libertad.