LANJARÓN

Vista general de Lanjarón
Vista general de Lanjarón

    Dado que las descripciones modernas de este hermoso pueblo, -que se puede considerar la puerta oeste de las Apujarras- son muchas y muy completas, yo me limito a reflejar la descripción que en 1882 hizo el insigne botánico y geógrafo alemán Moritz Willkomm en su obra  Las Sierras de Granada:

 

    “Por la tarde fui a Lanjarón, donde pensaba quedarme una temporada. El camino a esta ciudad, sólo a dos leguas de distancia (de Órgiva), lleva, tras cruzar el Río Sucio, cuyo valle está dominado por la Vega de Órgiva, a través de un precioso olivar en el que se pueden admirar verdaderos árboles gigantes con grandes copas que seguramente debían de tener una edad de cientos de años. Más allá de este valle serpentea el sendero, entonces muy pequeño y en mal estado, hasta el Río Sucio, tocando los pueblos de Cañar y Barja, entre y pasando por colinas calizas, desérticas, desde cuyas cimas se podía echar una ojeada al profundo Valle del Río Grande

    “Debían de haber pasado dos horas cuando el sendero, tras atravesar el Río Seco, dio un rodeo por un cabo. Una vez superado, se abre un grandioso paisaje. A poca distancia aparecen las filas de casas blancas de Lanjarón en medio de un frutal, rodeado de viñedos verdes y dorados y al Noroeste, dominado por el cabo Oeste de la Sierra Nevada con el poderoso Cerro Caballo, mientras al Oeste se abre el alegre Valle de Lecrín, muy poblado y al Suroeste e horizonte queda limitado por la larga cordillera muy arbolada de Sierra de la Almijara. Hacia el Sur, entre las puntas Este y cerros de la mencionada Sierra y de la Sierra de Lújar, desnuda pero bien formada, se ve en lontananza la superficie celeste del mar. Cabalgando entre viñas cuyas cepas en el suelo estaban cargadas de una increíble cantidad de uvas de color azul, purpúreo, marrón dorado, amarillo y verde, llegamos al atardecer a destino de nuestro viaje, donde me instalé en la posada de la Plaza de la Constitución, entonces tenida por la mejor pensión de esta ciudad, famosa en toda Andalucía y más allá de sus fronteras desde hace más de un siglo por sus aguas medicinales, si bien no podía satisfacer las necesidades del viajero más modesto. Si que tenía una vista preciosa por el balcón que daba a la plaza, porque entre las Sierras podía divisarse el mar y también Sierra Nevada, en cuyas faldas surcadas por barrancos sombríos y la cresta ondulada, aquí y acullá con restos de nieve, se estaba revelando todo el encanto de los cambios cromáticos por la puesta de sol”.

   “Tampoco quiero añadir nada sobre la ciudad y los baños en el Barranco de los Caños, un barranco lateral del Valle de Lanjarón, entonces todavía hechos de unas chozas de caña… Porque como oí en Granada en 1873, no construyeron solamente una buena carretera de allí a Lanjarón, quizá prolongada incluso hasta Órgiva, sino que también instalaron nuevas casas de baños y, en la ciudad misma, nuevos hoteles confortables, por lo cual Lanjarón, hoy en día, es muy concurrida también por turistas forasteros durante la temporada alta”.