PAMPANEIRA

"Véase enfrente el pueblecito de Pampaneira, situado en la margen izquierda y á bien pocos centenares de metros del Poqueira, que se recorren en cuesta, de pocas y rápidas vueltas. Sus calles se hallan superpuestas, el espacio  de la ladera que ocupa es reducido, y sobre las paredes de las casas que dan al campo, rozan con sus verdes tallos, cubiertos de amarillentas flores, los castañoss. Un tanto más arriba, sin solución de continuidad, destácase un anchó de encinas, contrastando su coloración casi negra y la pequeñez de sus copas con la corpulencia de los castaños, sujetos á las rocas por robustas raíces algunos, y os más teniendo troncos tales, abultados con desigualdad por unas á modo de gibas, que sólo tres ó cuatro hombres con sus brazos extendidos podrían abrazaros”.

“Por la cuesta empedrada se llega a Pampaneira, emplazado en ella. El último censo le asigna 785 habitantes. Viven estos en casas hechas con mampostería ordinaria, cuya mezcla está al descubierto á trechos, y á trechos oculta bajo el revoque de cal; con ventanas la mayoría, bastantes con piso alto y en éste balcones de los antiguos de madera, las pocas veces que tal sucede, siendo numerosos los huecos abiertos en las paredes, dispuestos para tenerlos, pero sin que esto haya sucedido. Algunas rejas pobres, pero de construcción antigua, se encuentran también.

Todo el caserío se halla agrupado, menos los cortijos llamados de Siete Hornos, de La Cerca y del Oivar; y distribuído en la cuesta irregularmente, no habiendo alineación en las casas, ni siendo las calles rectas, sino muy entrecortadas, con rnconadas, salientes y callizos, y por el gran desnivel del emplazamiento, estando muy superpuestas y casi siempre adornadas con emparrados y macetas á lo largo y encima de las paredes que sirven de baranda á los terrados. Lo singular de este pueblo no está en los elementos notados, ni en la pequeña iglesia mudéjar, sino en las techumbres ó cubiertas de las casas, características de todos los pueblos de la Alpujarra alta, en los que, salvo las iglesias y algún edificio de persona acaudalada, no se emplean los tejados.”[1]



[1] SOLER Y PEREZ, Eduardo: Sierra Nevada, las Alpujarras y Guadix. Madrid, Imprenta del Cuerpo de Artillería, 1903, pg. 50-53