TESORO DE LA REINA MORA  BÉRCHULES

 

EL TESORO DE LA REINA MORA

Bérchules – Granada

 

            Hace unos días, recopilando datos para el grupo de Facebook llamado: LAS ALPUJARRAS. ARCHIVO HISTORICO DOCUMENTADO he sabido del citado tesoro, a través de D. Gabriel Medina, que colgó en el muro una fotografía de la Ilustración Española y Americana de 1887, fotografía que reproduzco a continuación, y que fue la que me movió a indagar algo sobre El Tesoro de la Reina Mora.

 

            El Tesoro de Bérchules, tiene detrás algún misterio aún no resuelto, y consiste sencillamente que de todo el tesoro encontrado en su momento, hoy sólo se conserva parte del mismo en el Metropolitan Museum of Art situado en pleno Manhattan (Nueva York), que abrió sus puertas en febrero de 1872. El tesoro (o lo que de él queda) fue donado a este museo por J. Pierpont Morgan en 1917. [1]

 

            En primer lugar hay que decir que el mencionado tesoro, tiene mucha similitud con el de Bentarique (Almería), y el de Mondújar (Granada), catalogados de la misma época y ambos en el Museo Arqueológico Nacional. El documento más completo sobre el asunto es el de Ángela Franco Mata, citado en la bibliografía utilizada, que entre otras cosas dice:

 

   "De las joyas reproducidas, aparecen catalogadas y fotografiadas en el Islamic Jewelry in the Metropolitan  Museum of Art, de M. Jenkens y M. Keene de 1982 los siguientes objetos: elementos de un collar de oro, collar de oro y un par de brazaletes. En cuanto a los restantes objetos, sendos restos de  collares formados por seis pasadores oblongos, cada uno, similares al n.º 50876, del Museo Arqueológico Nacional (procedente de Mondujar), ya indicado, un collar formado por  cuatro alcorçis y tres pasadores oblongos, un par de pulseras y una higa, ignoro el paradero".  pg. 85-86

 

            Como se puede comprobar, parte del tesoro fotografiado en su momento y reproducido en La Ilustración Española y Americana, ha desaparecido. A continuación pongo completo el artículo que se publicó en la misma en 1887.

 

JOYAS MORISCAS

Autor: José de Castro y Serrano[2]

 

 

            “Es común entre los habitantes del antiguo reino de Granada pasar la vida pensando en un tesoro, y es común también que no encuentren el tesoro los que lo buscan, y que se le aparezca de improviso al infeliz que menos pensaba en él. El día 9 de marzo de 1880, hallándose un campesino del lugar de Bérchules, llamado José Arana, cavando en un montecillo próximo al pueblo, para agrandar una suerte de tierra de sembradura, tropezó su azadón, a poco más de una vara de profundidad, con un bulto o lío de trapos extraño, por cuyas aberturas aparecían objetos de metal y color de oro.

            José Arana suspendió su tarea naturalmente, y examinando el contenido del envoltorio, encontró las alhajas que en exacta reproducción figuran en la página 365 del presente número.

            Pero el labriego no era sin duda avaro, por lo cual, juzgando aquellos dijes más bellos que ricos, encaminóse al pueblo para entregárselos al señor Cura, con el fin de que adornaran los faroles del Santísimo, ya adornados de suyo con profusión de colgantes. El párroco de Bérchules, D. Francisco Rodríguez Manzano, poco conocedor de objetos artísticos, aunque lo bastante para adivinar que aquellas eran alhajas de mérito, excusó la donación, aconsejando a su sencillo feligrés que hiciese un viaje a la capital, en donde de seguro encontraría con su hallazgo, abundante remedio para su miseria. El jornalero no se consideró a propósito para desempeñar esta negociación, y rogó al señor Cura que en su primera visita a Granada hiciese por sí mismo lo que so conciencia le dictase en el asunto. Marchó a Granada, el Sr. Manzano, fue a avistarse con otro sacerdote de su completa confianza, y reconocidas y justipreciadas las joyas en su valor, volvió a Bérchules llevando al campesino, en vez de la mísera paga del logrero, un puñado de miles de reales que enriqueció a su familia.

            El lugar en que apareció el tesoro es el tajo de un monte llamado El Reyezuelo, que existe al pie de las ruinas de un castillo, llamado también en el país Atalaya del Moro; circunstancias ambas capaces para suponer que príncipes y luchas podrían haber producido en épocas remotas la ocultación de mayores riquezas. Desbrozóse el monte con codicioso afán en busca de nuevos hallazgos; pero ésta es la hora en que por aquellos contornos no ha vuelto a aparecer cosa alguna. El Tesoro de la Reina Mora, según dieron en decirle los habitantes de la comarca, fue objeto de un escondite aislado, sobre el cual pudieron componerse y corren aún fantásticas leyendas.

            Forman el tal tesoro dos pulseras o ajorcas de aro ancho, dos manillas o brazaletes estrechos, un collar grande, otros dos más reducidos y algunas piezas sueltas que ayudan a la calificación del conjunto.

            Constituyen, al parecer, las joyas de una dama, de una princesa acaso, pero indudablemente de un morisca. Su construcción pertenece por el estilo a la orfebrería granadina de los siglos XIV y XV; fueron ocultadas con posterioridad a los Reyes Católicos, puesto que en el saquito de seda galoneado que las contenía se hallaron dos monedas de plata de estos Reyes; iban protegidas por un amuleto de azabache en forma de mano, con el dedo índice demostrando vigilancia, y ofrecen en diversos puntos inscripciones tan discordes como una en caracteres arábigos que repite DIOS ES ÚNICO, y otra en caracteres góticos que dice + AVE MARIA GRATIA PLENA.

            Consultado sobre estas joyas el experto orientalista y arqueólogo nuestro amigo D. Juan Riaño [3], es de parecer que, aun cuando las trazas sean de fecha muy anterior, la obra en algunas de su partes pudo hacerse a principios del siglo XVI, cuando los artífices moriscos intercalaban atributos cristianos en los dibujos puramente árabes, después de la conquista. Las ajorcas se fabricaban de tiempo antiguo por el procedimiento de las monedas. Un molde de hierro rehundido recibía la chapa de oro, que, amartillada sobre otra de plomo, sacaba la labor, a reserva unicamente de algunos toques de cincel. Dada a la chapa la forma circular de la ajorca, se forraba después con otra lisa, y antes de soldarlas se rellanaba el interior con arena menuda o extraños ingredientes. Las ordenanzas de orfebrería de Granada de 1538 citan las ajorcas, y estas tales axorcas moriscas (dicen) son huecas y están llenas de cal y almizteca.

            No cabe, pues, duda de que se fabricaban por este procedimiento, y ayuda a comprobarlo la circunstancia de que todas las que existen, y son bastantes, tiene la labor idéntica o muy parecida, como si procediesen de dos o tres tipos de moldes.

            Trabajo bien distinto ofrecen a la crítica las otras joyas. Su filigrana, sus esmaltes y los residuos de perlas que aun contienen en su adorno, indican la mano del artífice ayudaba por los caprichos del dibujo y el ingenio del constructor. El collar grande, compuesto de cinco piezas de forma cilíndrica, de cuatro pendientes que recuerdan el perfil del águila y de un medallón circular para el centro, es una extraordinaria y rica joya, cuya posesión sólo se concibe en aquella época entre familias Reales. Este collar debió tener mayor extensión de la que presente hoy, puesto que las piezas cilíndricas, llamadas alcauciles (quizás por rematar en picos o puntas), se separaban a voluntad con cuentas de vidrio, y en ocasiones con gruesas perlas, como indudablemente contendría que ahora nos ocupa. Los caracteres de la inscripción corresponden a la escritura de fines del siglo XV y obra está hecha poco después de 1492, en que se conquistó a Granada. Los collares más pequeños y las otras piezas son de semejante manufactura.

            Ahora bien: es sabido que al verificarse la conquista, no todos los moros huyeron o fueron perseguidos, sino que gran número de ellos, entre quienes había magnates y príncipes, se sometieron al poder de los cristianos, aceptando con el emblema de la cruz la condición de moriscos. Cual fue la sinceridad de este cambio, lo prueba la formidable rebelión de 1568 en el territorio de las Alpujarras. Dejemos hablar a un MEMORIAL de la época impreso en 1671, que tratando de Bérchules, dice así:

 

"A la Hora de las diez de la noche, el día 24 de Diciembre de 1568, que fue Viernes, tubo principio el Rebelión de los Moriscos del Lugar de Berchul, descubriéndose luego su deprabado ánimo, y odio con las cosas sagradas, Sacerdotes y Ministros de la Iglesia: el primer passo suyo se endereçó a casa del Licenciado Diego de Montoya, Beneficiado, y el deseo de vengarse no dió lugar alguno, ni el que pudo mediar entre llamar a la puerta, y responder a quien llamaba, sino que con hachas rompieron la puerta y al baxar dicho Beneficiado, le passaron el cuerpo con una xara, y luego a cuchilladas le quitan la vida."[4]

           

            Fué espantosa, ciertamente, la Noche Buena de 1568, en que, como un solo hombre, se levantaron todos los moriscos de las Alpujarras. Bérchules, a pesar de su pequeñez, figura como teatro de escenas sangrientas, no sólo contra los cristianos del lugar, sino contra otros que traían de diferentes puntos para ser sacrificados en su plaza; quizá porque residiera allí o en el castillo próximo alguno de los magnates jefes de la rebelión. Es el hecho, según los historiadores, que en Bérchules y Cuxurio[5], lugares limítrofes, se reprodujeron con toda su ferocidad los martirios de la antigua Roma.

            A partir de esa noche, tan terrible para los cristianos como después lo fué para los moros, las Alpujarras estuvieron convertidas en hecatombe perpetua durante dos años. Allí peleó y pereció la flor de Granada y de Castilla, resaltando las figuras de dos jóvenes igualmente simpáticos y valerosos, de Haben Humeya y de D. Juan de Austria Una cuestión de indumentaria sirvió de motivo al general levantamiento. Al finalizar el mes debían los moriscos abandonar el traje arábigo, que por gracia del vencedor se les permitía, y las moriscas sus sedas, sus brocados y sus joyas de procedencia musulmana. Aquella fué la chispa que prendió el fuego a la rebelión. Don Fernando de Válor, que devoraba afrentas inferidas a su padre, joven decidido y ganoso de aventuras, célebre por sus prodigalidades y por el amor que profesaba a una bella morisca, desapareció con ésta de Granada, internándose en los montes vecinos, donde alentando a los rebeldes; se hizo proclamar rey, bajo el dictado de Haben Humeya. ¿Por qué no hubo de alojarse en el castillo próximo a Bérchules?

            Inútil sería decir lo que todos saben de tan breve y turbulento reinado. En continua escaramuza y en constante batalla, vencedores unas veces, vencidos otras, los moriscos fueron desapareciendo, desde Haben Humeya, asesinado por Haben Aboó, hasta Haben Aboó, asesinado por sus mismos parciales, completándose el exterminio con la expulsión entera de toda la raza. No quedó de ella sino el recuerdo  del regalo en que vivía y de la miseria con que se la vio salir del territorio.

            Por lo expuesto de deduce, concretándonos al punto prefijado en estas columnas, o sea a las joyas moriscas cuya publicación se hace hoy, el conjunto de observaciones siguiente:

            -Que las alhajas son de dos clases, unas antiguas del siglo XIV, como las ajorcas y manillas de que hay ejemplares en Francia y en España clasificados así y otras que, aun cuando se remonten por su estilo a la misma época, como los collares, debieron construirse a principios del siglo XVI por artistas arábigo-cristianos: que estas joyas pudieron fabricarse para una dama morisca, o pertenecer a ella, según lo anuncia la dualidad de conceptos, el árabe en su forma, y el cristiano en la invocación a la Virgen María, colocada en la parte más visible con cierto propósito de evidencia; que la dama dueña del joyel era muy principal, así por la riqueza de este como por el lujo de la bolsa-estuche donde lo envolvía: que su residencia en el castillo inmediato a Bérchules es muy verosímil, y su situación de aislamiento más aún, considerando el punto en que escondió las joyas y el no haberse hallado ningunas otras alhajas en aquellos contornos, que la ocultación hubo de ser azarosa y rápida, a juzgar por la falta de precauciones con que se hizo, tan á raíz de tierra y sin olla ó vaso de defensa como era costumbre: finalmente, que la dama creyó volver por su tesoro y no volvió, sin duda porque los sucesos la llevaron á país remoto ó porque perdiera la vida en los sangrientos lances de las Alpujarras.

            Todo esto se deduce sin gran violencia de los antecedentes del asunto. Lo importante hoy para el arqueólogo es la rareza y mérito de las alhajas; pues si las ajorcas, manillas y amuleto son hasta cierto punto comunes, no sucede lo mismo con los collares, cuya singularidad los coloca en situación tal vez única y en estima semejante, sino mayor, que las Coronas góticas de Guarrazar, sustraídas a la contemplación de nuestros museos por la inteligencia y solicitud artística de los franceses. Las joyas, por fortuna, se hallan actualmente en buenas manos. Poséelas un ilustrado sacerdote de Granada, el señor D. Juan de Sierra, capellán mayor de los Reyes Católicos y persona muy perita en el conocimiento del arte antiguo a cuyas aficiones se debe la salvación de muchos objetos interesantes y valiosos. No es presumible que en el día se desprenda de ellas; pero bueno es que los arqueólogos las sigan con atención por si en algún tiempo pueden adquiriese para el Estado, adelantándose a la natural codicia de los coleccionadores y agentes extranjeros. Tipos tan notables de la orfebrería del siglo XIV, que dió origen a las célebres filigrana españolas, casi perdidas al presente, no deben desaparecer de nuestro país, y más si por los datos que la historia presta y la tradición popular confirma, pertenecieron á esa Reina Mora que tanta influencia ejerció sin duda en los trágicos sucesos de las Alpujarras.”

 

            Hasta aquí el relato detallado de D. José de Castro Serrano.

           

            Otro documento que demuestra este hallazgo es la CARTA ABIERTA que publico a continuación, (de la que, también me ha facilitado copia D. Gabriel  Medina), con respecto al mismo asunto, y que fue escrita por Francisco de Paula Valladar, y dirigida al entonces ministro granadino, D. Juan Facundo Riaño, en la que se hace un meticuloso detalle de la cuestión, y publicada en varios periódicos nacionales, entre ellos el granadino El Popular, nº 2.680 de fecha 28 de enero de 1896.[6]

 

CARTA ABIERTA

 

                                               Excmo. Sr. D. Juan Facundo Riaño

 

Mi respetable amigo: Hace algunos años, al labrar unos campos en Bérchules, pueblecito de nuestra pintoresca Alpujarra, halló un campesino las interesantes joyas que hoy posee nuestro buen amigo el ilustrísimo Sr. D. Juan de Sierra, y que los sencillos habitantes de aquel pueblo, dieron en llamar el “tesoro de la Reina mora”. Sirvió el hallazgo de provecho al que o encontró, y da motivo para que usted, anticuario ilustre y otro insigne granadino, don José de Castro y Serrano, descubrieran sabiamente acerca de historia y de orfebrería granadinas, lo cual constituyó entonces y ahora fausto y agradable acontecimiento.

 

Pues bien; hace pocos meses que en un corrimiento natural de tierras, ocurrido en las afueras de Bentarique, antiguo pueblo de la “taha” de Marchena (Alpujarra almeriense), halláronse los trabajadores del campo una vasija de barro (no se conserva desgraciadamente) que se rompió, según dicen, a impulso del corrimiento, dejando ver dos brazaletes o ajorcas de oro colocadas una sobre otra, y en los huecos del centro y de los lados, nueve hilos de aljofar con colgantes, un rico collar de oro; dos esmeraldas taladradas; un zafiro taladrado también; dos aros ó manillas de plata y varias piedras, perlas y colgantes de oro.

 

Los terrenos en que se halló tan rico e interesante tesoro, pertenecen á la familia del joven é ilustrado comerciante de Granada don Luis García Pérez, y á este se remitieron las joyas, que ya conocen bastantes granadinos, algunos tan entendidos como nuestro sabio amigo don Leopoldo Eguilaz, que hace de ellas cumplidos elogios.

 

No cabe, respecto del Benu Tharie del siglo X, fundado por una tribu de mercaderes africanos; del Benitarif del interesante, “Nomenclator” de 1514; del Bentarique de nuestros días, la fantástica leyenda de la “Reina Mora,” que en Bérchules se inventara y que castro y serrano contó, del admirable modo que él sabe hacerlo, en el primoroso artículo dedicado á las joyas que hoy posee don Juan de Sierra; pero es indudable que el nuevo tesoro perteneció á una muy alta dama mora, en algún tiempo, porque las joyas son muy ricas, y sus labores de puro estilo, sin inscripciones árabes ni mudéjares. Por esto, por el carácter de todas las piezas, y aún quizá también por el modo de ocultarlas, parécenme árabes y no moriscas y pentenecientes al siglo XIV, más bien á sus comienzos que á los fines.

 

Las ajorcas son verdaderamente espléndidas, y están conservadas de un modo admirable. La labor, de pura y delicada traza, acreditan la procedencia granadina. Están fabricadas como después describen las “ordenanzas de plateros” y la del Alamín de oro”, huecas y llenas de una especie de tierra encarnada, que quizá será la “almizteca”, (almáciga o cama de tierra), de que hablan los antiguos orfebres y las “Ordenanzas” de Granada.

 

El collar es riquísimo; compónese de varios “alcorçaes” de filigrana de oro, unos de forma de cono y otros en la de almohadas, como dicen las antiguas crónicas, y en el centro otro, más historiado, que conserva los colgantes de oro que debieron de tener todos. Esta joya es magnífica, y recuerda las que se nombran en las escrituras de dote y arras y embargos á moriscos, etc., (Archivo de la Alhambra) y las que menciona el inolvidable Hernando de Talavera, cuando en su “Tratado del vestir, del calzar y del comer”, dice, refiriéndose al lujo de las mujeres de a segunda mitad del siglo XV: “Calo de los firmales y joyeles de las frentes, de los cercillos y arracadas, de los collares, sarteles y almanacas…’

 

Entre los nueve sartales (o “alhaytes”) de aljofar los hay de diferentes tamaños y con distintos colgantes ó alcorçaes de forma de cojines ó almohadones, como he dicho antes, refiriéndome á las “Crónicas de los reyes de Castilla”, en que así se nombran (testamento de don Pedro I), y de forma cilíndrica. En uno de ellos, el alcorcí tiene tres notables esmaltes.

 

Tal vez los sartales pequeños sirvieran, dándose con ellos dos vueltas, para los brazos, puesto que la etimología de las palabras sinónimas de brazalete, mencionan como origen de estos los “sartales”, pero de todas maneras, debese de tener en cuenta las dimensiones de los dudosos y de los que por el contrario revelan en todos sus caracteres destino de collares, gargantillas ó ahogadores, de que este último modo está descrito en un testamento cristiano del siglo XVII “un  ahogador de aljofar y cuentas de oro…”

 

Los dos aros de plata, opina un anticuario, que eran de los que servían como aretes a los hombres, agregándoles, --a los aretes,-- algún colgante o joyel. Por mi parte, no sé qué pensar de esos aros ó manillas de plata huecos, que me parecen poco consistentes para las muñecas y un tanto excesivos para las orejas.

 

Las piedras grandes sueltas, entre las cuales hay dos moradas, con taladro también, que ningún platero se ha atrevido a clasificar, parecen pertenecer a los sartales de aljofar, puesto que viejos documentos mencionan alhaytes con esmeraldas y otras piedras-

 

Y aquí hago punto, no sin pedirle que me perdone, -en gracia a la buena voluntad de que conozca el hallazgo,- la molestia que puede causarle la lectura de estos renglones mal trazados.

 

Sabe usted que es siempre suyo afectísimo y verdadero amigo que l. b. l. m.,

                                                          Francisco de P. VALLADAR

 

            Por los dos documentos que detallo es de suponer que las joyas que estaban muy bien documentadas, se perdieron entre las manos de ¿quién sabe dónde?, y que solo una de ellas llegó al Metropolitan Museum of Art, de Nueva York, hasta aquí la cuestión podría parecer normal. Eso es lo que queda y se acabó, pero hay un pequeño fleco muy importante para los vecinos de Bérchules, y para cualquier alpujarreño, y es el siguiente: En la descripción que hace el Metropolitan  (que pongo en la nota 1 ) aparece como origen de las joyas Granada, y no se menciona la población de Bérchules, cosa que duele y de la que deberían tomar nota los políticos de más peso para intentar subsanar el error: Las joyas se encontraron en Bérchules (provincia de Granada) y no en Granada.       

 

           

BIBLIOGRAFIA UTILIZADA

 

1.                  Castro y Serrano, José de: Joyas moriscas. En LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA. Vol. XLVI (1887), pg. 358-359

 

2.                  Franco Mata, Ángela: Sistemas de acopio de arte medieval en grandes museos. En BOLETIN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL. 29-30-31 (2011-12-13), pg. 65-107.

http://es.calameo.com/read/000075335a14c1e202d7d

 

3.                  Fernández-Puertas, Antonio y Marinetto Sánchez, Purificación (eds.): Arte y cultura. Patrimonio hispanomusulmán en Al-Andalus. Granada. Universidad de Granada, 2009



[1] Puede verse en este enlace: http://www.metmuseum.org/collection/the-collection-online/search/464044?rpp=30&pg=1&ft=granada&pos=9

Y con la nota siguiente: The consummate skill of goldsmiths in Nasrid Granada is evident in these necklace elements, which combine filigree, granulation, and cloisonné enamelwork. The Latin inscription on the central pendant, "Hail Mary, full of Grace," the salutation of the archangel Gabriel when he revealed to the Virgin Mary that she would give birth to the Christ Child, leaves no doubt that this necklace excavated in Granada before 1916 was meant to be worn by a Christian. Among a series of exceptional works that have been attributed to the same Nasrid workshop are items that were clearly destined for Muslim, Christian, and Jewish patrons.

[2]. Conocido también por su seudónimo "Cocinero de S.M.", nació en Granada en 1829 y murió en Madrid en 1896. Fué médico, gastrónomo, periodista y escritor español de la segunda mitad del siglo XIX.

[3]Probablemente se refiere a Juan Riaño y Gayangos (1865-1939), deplomático español, licenciado en Derecho Civil en Granada y en Derecho Canónico en Madrid.

[4]Probablemente se refiere al "Memorial a la Reyna N. S. Cerca las muertes que en odio de la fe, y religión christiana dieron los moriscos reuelados a los  christianos viejos, (y algunos nuevos) residentes en las Alpuxarras deste Reyno de Granada, en el leuantamiento del año 1568 / por Diego, indigno Arzobispo de Granada". Impreso en Granada: en la Imprenta Real del Lic. Baltasar de Bolibar...1671

[5]Actualmente la población de Alcútar

[6] El Popular : Diario granadino de la tarde: Época Cuarta, Año X, Número 2680 - 1896 enero 28, que puede verse  en http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/publicaciones/listar_numeros.cmd?busq_idPublicacion=102044&busq_anyo=1896&submit=Buscar