DESIDERATA

 

   Avanza tranquilamente en medio del ruido y de la agitación y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.

   Sin alienación, vive en cuanto sea posible, en buenas relaciones con todas las personas.

   Proclama tu verdad de una manera serena y clara, y escucha a los demás, incluso al sencillo y al ignorante. También ellos tienen su historia.

   Evita a las personas violentas y agresivas, pues siembran la inquietud en el espíritu.

   No te compares con los demás: podrías volverte vanidoso o amargado, pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.

   Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus proyectos. Mantén siempre el interés por tu propia carrera. Por humilde que sea, es un verdadero tesoro en el incierto discurrir de la vida. Sé prudente en tus asuntos pues el mundo está lleno de engaños.

   Pero no seas ciego respecto a la virtud que existe. Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales y por todas partes, la vida está llena de heroísmo.

   Sé sincero contigo mismo. Sobre todo, ¡no finjas la amistad y no seas cínico en el amor!, porque en medio de tantas amarguras y desengaños, el amor es perenne como la hierba.

   Acepta con humildad el consejo de la edad y deja pasar con elegancia las cosas de la juventud.

   Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja de cualquier contratiempo inesperado. Pero no te entristezcas con fantasías. Muchos temores nacen del cansancio y de la soledad.

   Practica una sana disciplina y sé bondadoso contigo mismo. Formas parte del Universo, igual que las plantas y las estrellas, por eso tienes derecho a existir y a ser libre. Lo comprendas o no, el Universo marcha contigo.

   Queda en paz con Dios, cualquiera que sea el concepto que tengas de El. Y sean cuales sean tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz en tu alma en el ruidoso desconcierto de la vida.

  ¡Aún con todos sus penosos afanes y sueños quebrantados, el mundo es bello!.

  Ten cuidado... ¡Trata de ser feliz!

 

 

 

(De un manuscrito anónimo encontrado en una iglesia en el siglo XVII ), aunque parece ser que el auténtico autor de Desiderata fue el filósofo y abogado Max Ehrmann, pero el texto nunca se público mientras és estuvo vivo. Solamente vió la luz en 1948, cuando su esposa los publicó.