LA FÁBULA

LA FÁBULA1

 

ETIMOLOGÍA

 

Del latín fabula, que significa conversación. Relatar o decir fábulas es fabular, que proviene directamente del latín fabulare. La etimología de la palabra debe descender del carácter oral que en un principio tuvo la fábula como relato de tradición popular.

 

DEFINICIÓN

 

Es una composición literaria narrativa breve que se ubica dentro del género narrativo, generalmente escrito en prosa o en verso que se caracteriza sobre todo porque sus personajes principales son animales o cosas inanimadas a los cuales se les atribuyen cualidades, características o defectos humanos.

 

"Proponer una definición de la fábula como género literario es mucho más difícil de lo que el lector ingenuo puede suponer. Una tal definición debe ser precisa, de modo que distinga pertinentemente la fábula de otros tipos de narración, como la alegoría o la parábola, en general, y también del proverbio, de la anécdota y del cuento fantástico con animales."2

 

Como puede ver el lector por la cita anterior no es tan simple la cuestión de poder definir una fábula en pocas palabras; aunque hay que reseñar en definitiva que: está clara la intención y redacción didáctica de carácter ético y universal que casi siempre aparece en la parte final de la obra, proporcionando una enseñanza o aprendizaje conocido como moraleja.

 

CARACTERISTICAS

 

Como género literario, posee un carácter mixto narrativo y didáctico, además debe contener las siguientes propiedades:

 

Elementos de la narración: Generalmente en las fábulas existe un narrador que relata los hechos acontecidos en tercera persona, en orden cronológico. Además, relata lo que les sucede a los personajes principales en un tiempo y lugar determinados.

 

Estructura: Las fábulas deben de estar escritas en prosa o en verso además de que suelen ser historias breves y didácticas, en estilo llano. La mayoría de estas comienzan con la presentación de una situación inicial en la cual, generalmente se plantea una problemática o dilema moral que puede tener solución o no. Finalmente, ésta termina con una enseñanza, moraleja o afabulación que puede ser útil para el lector. Más raramente aparece al principio o no aparece de forma explícita.

Personajes: Como hemos dicho anteriormente los personajes suelen ser animales y objetos inanimados a los que se les dota con pasiones humanas como la codicia, la soberbia o la envidia. Estos están envueltos en situaciones problemáticas a resolver.

 

Temas: Generalmente los temas que se abordan en las fábulas son vicios humanos o comportamientos maliciosos que se desarrollan dentro de la fábula. Estas situaciones suelen describir vicios como la arrogancia, la mentira, a los que ses va criticando hasta el final en que el personaje principal con astucia y buen comportamiento resuelven la situación.

 

 

La fábula clásica reposa sobre una doble estructura, desde el título mismo se encuentra una oposición entre dos personajes de posiciones subjetivas encontradas, aunque siempre estos personajes se encuentran en desigualdad social. Uno en posición alta y el otro en posición baja o desfavorable. Esta situación suele cambiar de un modo imprevisto en la narración y los personajes pasan a situaciones inversas.

 

1El corpus principal de éste articulo está basado en la definición de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Fábula

 

 

2GARCIA GUAL, Carlos. Fábulas de Esopo. Vida de Esopo. Introducción general de... Madrid, Editorial Gredos, 2000, (Biblioteca Básica Gredos, 9) p. IX.

SUBGÉNERO LITERARIO

 

Es importante no confundir la fábula con la parábola o relato simbólico ni con el discurso o sermón parenético, cuya intención es exhortar a seguir una conducta ética y por ello recurre con frecuencia a este tipo de procedimientos.

 

Se diferencian de los apólogos en que estos son más generales y en ellos pueden intervenir además hombres y personajes tanto animados como inanimados. Pueden estar escritas en prosa o verso.

 

 

A pesar de ser un género literario sujeto a la transmisión oral, la fábula aún conserva estas características que la diferencian de otros géneros narrativos más mutables como el cuento, el relato o la novela, a los cuales el tiempo ha traído numerosos cambios, nuevos subgéneros y tendencias.

HISTORIA

 

Se sabe que ya en Mesopotamia, unos dos mil años antes de nuestra era, se cultivaba la fábula. Unas tablas de arcilla que provienen de bibliotecas escolares de la época cuentan brevemente historias de zorros astutos, perros desgraciados y elefantes presuntuosos. Muchos de estos textos muestran una gran afinidad con los proverbios por su construcción antitética, pero no poseen una moral explícita.

 

En la antigüedad griega, la primera fábula, conocida como "Fábula del halcón y el ruiseñor", la contó Hesíodo a comienzos del siglo VII a.C. en Los trabajos y los días, y ya posee la intención de hacer reflexionar sobre la justicia.

 

 

Como es breve a continuación la relato:

"Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto, entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquel en tono de superioridad le dirigió estas palabras.

¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno mucho más poderoso. Irás a donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero o te dejaré libre. ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria y además de sufrir vejaciones, es maltratado."1

 

Aunque leyendo a Homero no encontramos fábulas, sus comparaciones con animales ya poseen in nuce el germen de este género. En época clásica Sócrates entretuvo sus últimos días poniendo en verso las fábulas del legendario Esopo. Demetrio de Falero publicó la primera colección de fábulas históricamente atestiguada, que se ha perdido, pero que dio lugar a innumerables versiones. Una de ellas, fusión de varios manuscritos, probablemente del siglo I d.C., y es la llamada Augustana.

 

 

1HESÍODO. Obras y fragmentos: Teogonía; Trabajos y días; Escudo; Fragmentos; Certámen. Introducción general de Aurelio Pérez Jiménez ; traducción y notas de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez. Madrid. Editorial Gredos.Dd.L. 2000 (Biblioteca Básica Gredos, 3) p. 75

Es a esta colección a la que nos referimos cuando hablamos de las llamadas Fábulas de Esopo o esópicas. Era este un esclavo semilegendario de Asia Menor de cuyas circunstancias biográficas poco se puede sacar en limpio, salvo que fue vendido como esclavo en Samos al filósofo Janto, quien le prometió repetidas veces la libertad y la obtuvo al fin gracias a una intervención popular. Nicóstrato hizo una colección de fábulas con intención educativa en el siglo II, y también otros sofistas.

 

 

De Grecia la fábula pasó a Roma; Horacio escribió en Sátiras, II, 6, una memorable, la del ratón del campo y el ratón de ciudad; Fedro, siguiendo ese precedente, transformó el género en prosa en un género poético en verso. En el siglo IV el poeta romano Flavio Aviano escribió unas cuarenta, en su mayor parte adaptaciones de las de Fedro, pero otras no atestiguadas por ninguna tradición y quizá elaboradas por él mismo; las fábulas de Aviano circularon mucho en la Edad Media, porque a diferencia de las de Fedro no son nunca licenciosas y su métrica, en la que abunda el hexámetro leonino, facilita el recuerdo. 

 

En la Edad Media la fábula continúa transmitiéndose bajo nombres de autores o de colecciones que parecen pseudónimos: Romulus, Syntipas, pseudo-Dositeo, el Isopete... Era un género muy útil a los predicadores eclesiásticos que pretendían edificar moralmente y con sencillez al pueblo iletrado cuando se permitió que los sermones se hicieran en lengua vulgar; esta necesidad obligó a hacer las primeras recopilaciones de este tipo de materiales. La temática se expande considerablemente al terreno satírico mediante el Roman de Renart, colección de narraciones compuestas por clérigos anónimos en el siglo XII. En las historias del Ysengrinus, obra latina del poeta flamenco Nivard de Gand, la lucha del zorro contra el lobo sirve de pretexto para una vigorosa crítica social de la sociedad feudal y sus injusticias. La fábula se transforma aquí en una comedia animal. En el siglo XII, la poetisa María de Francia publica una colección de 63 fábulas. 

Por otra parte, circularon por Europa numerosas colecciones de otras fábulas pertenecientes a una tradición autónoma distinta de origen indio (Hitopadesa, Pancatantra), difundidas a través de traducciones árabes o judaicas españolas o sicilianas. Muchas de ellas fueron a pasar a ejemplarios o libros de ejemplos para sermones. El más famoso y difundido fue, sin duda, la Disciplina clericalis del judío converso español Pedro Alfonso, entre otros muchos.

 

Durante el Renacimiento las fábulas contaron con el interés de los humanistas; Leonardo da Vinci, por ejemplo, compuso un libro de fábulas. El género de los emblemas, que se puso de moda en el siglo XVI y XVII, recurrió con frecuencia a la fábula en el comentario escrito y en el grabado gráfico a imitación del humanista italiano Alciato, como los de Guillaume Guéroult, quien parece haberse especializado en este género con Le Blason des Oyseaux (1551), Les Hymnes du Temps et de ses parties (1560) y Les Figures de la Bible (1564), compuestos bajo el mismo modelo de un grabado acompañado de una corta pieza en verso.

 

 

En Portugal cultiva la fábula Sá de Miranda. El jesuita François-Joseph Desbillons, profesor, produjo quinientas sesenta. Boisard publicó una colección con mil y una. Jean-Pons-Guillaume Viennet publicó en 1843 fábulas que escribió a lo largo de toda su vida. Incluso Napoleón, antes de ser consagrado emperador, compuso una juzgada bastante buena en su época.

Sin embargo casi todos estos autores han caído en el olvido, salvo Jean de La Fontaine, cuyas clásicas fábulas, de riquísimas fuentes, pasaron incluso a ser ilustradas o a estamparse en diversos objetos (biombos, mesas) a partir de pinturas y motes1. En Francia fueron también famosas las del escritor dieciochesco Jean-Pierre de Claris de Florian (1755-1794). Este último compuso una colección de un centenar de fábulas de moraleja pública o privada, muchas de ellas inspiradas en las del tinerfeño Tomás de Iriarte (Fábulas literarias). Florian inspiró a su vez al inglés John Gay y al español Félix María Samaniego. Gotthold Ephraim Lessing ilustró el género en Alemania e Ignacy Krasicki en Polonia.

 

En el siglo XIX tuvieron éxito, sobre todo las especializadas en temas concretos; En Rusia destacaron Iván Krylov, en España Cristóbal de Breña (Fábulas políticas) y Juan Eugenio de Hartzenbusch, en Chile Daniel Barros Grez y en México José Rosa Moreno. En Estados Unidos, Ambrose Bierce utilizó la fábula para la sátira política. En Gran Bretaña destacó Beatrix Potter (1866-1943)

 

 

1En España se publicó en 1885 en una edición ilustrada de Gran Tamaño, con ilustraciones de Gustavo Doré y traducción de Don Teodoro Llorente. La Edición la hizo en Barcelona: Montaner y Simón.

En España, y ya en el siglo XX, ha escrito un Nuevo fabulario Ramón de Basterra, quien, siguiendo algunos precedentes de Hartzenbusch, hace protagonistas de sus composiciones a elementos deshumanizados, como máquinas, cigüeñales, émbolos, cables y grúas, en vez de leones, zorras, cuervos o lobos; con ello incorpora la Revolución industrial y las Vanguardias a esta milenaria tradición. En 1961, el dramaturgo francés Jean Anouil publicó una colección de 43 fábulas que fue muy vendida y revitalizó este género. Jean Chollet ha escrito también en el siglo XX bastantes fábulas inspiradas en el mundo actual.

 

Las fábulas y los apólogos se utilizaron desde la Antigüedad grecorromana por los esclavos pedagogos para enseñar conducta ética a los niños que educaban. La moral deducida de estos ejemplos era la del paganismo: es imposible cambiar la condición natural de las cosas, incluida la condición humana y el carácter de las personas. Con el tiempo, el Cristianismo sustituyó esta concepción del mundo por otra que presuponía en el hombre la posibilidad de cambiar su naturaleza, con un juicio moral incluido. Esopo y Babrio, entre los autores de expresión griega, y Fedro y Aviano entre los romanos, han sido los autores más célebres de fábulas y han servido de ejemplo a los demás. Con la revitalización de la Antigüedad clásica en el siglo XVIII y su afán didáctico y educador comenzaron a escribirse fábulas; en el siglo XIX, la fábula fue uno de los géneros más populares, pero empezaron a ampliarse sus temas y se realizaron colecciones especializadas. En el siglo XX el género se cultivó ya muy poco.

 

A principios del siglo XXI, inesperadamente, la fábula padece una revolución literaria gracias a la obra del escritor napolitano Sabatino Scia, autor de más que doscientos fábulas, que él llamó "fábulas de protesta occidental"; como el mismo Esopo y Fedro, ha elegido el género fábula cuál género principal y al mismo tiempo género-portavoz de la misma actividad creativa. La fábula, ahora, por el trabajo de renovación de Sabatino Scia, ya no es simplemente un medio para contar la vida, un instrumento para poner en escena los vicios del hombre, los vicios de la sociedad y los problemas de la naturaleza misma, sino es el teatro mismo en que los vicios se manifiestan de modo completamente espontáneo. "

 

Asimismo, en el otro lado del mundo, en Latinoamérica, los gemelos Juan y Víctor Ataucuri García han contribuido al resurgimiento de la fábula en el siglo XXI con una idea novedosa: utilizar la fábula como elemento difusor la identidad nacional haciendo uso de la vasta literatura tradicional de este continente. Para el efecto, en su libro"Fábulas Peruanas", publicado en el año 2003, han llevado a cabo su tesis recopilando mitos, leyendas, creencias andinas y amazónicas del Perú, para luego, a partir de esto, crear hermosas fábulas, hecho que se ha convertido en una forma muy interesante de difundir la rica literatura tradicional de su país. El resultado ha sido una extraordinaria obra rica en matices regionales, en donde uno descubre la relación del hombre con su origen, con la naturaleza, con su historia, con sus costumbres y creencias que más tarde se convertirán en normas y valores. Más aún cuando en el mundo se requiere del rescate de valores, tan venido a menos, para la búsqueda de una convivencia pacífica y justa, los hermanos Ataucuri García plantean el uso de la fábula para este cometido.

 

 

FÁBULA Y MORALEJA

 

Una moraleja (del latín morālis) es una "lección o enseñanza que se deduce de un cuento, fábula, ejemplo, anécdota, etcétera". Se trata de una enseñanza que sirve de lección para el vivir humano y que aporta al conocimiento de lo que se considera moral, que generalmente se transmite mediante un relato histórico o una narración ficticia, y que evita los prejuicios y estereotipos que impiden su real comprensión, implicando que el mismo oyente, lector o espectador determine por sí mismo cuál es la enseñanza (o lección).

 

A lo largo de la historia, la fábula ha sido considerada más que un género literario. Diferentes pensadores le han dado a la fábula un tinte de elemento ejemplarizante que a lo largo de la historia ha fungido como más que relatos fantásticos con animales.

 

Uno de los primeros filósofos que opinó respecto a la problemática de la enseñanza por medio de las fábulas, fue Platón, quien la atacó por la preponderancia que él le daba a la lógica sobre la estética; sin embargo, Platón se oponía no solo al uso de las fábulas en la enseñanza sino a todo uso de arte, puesto que el arte alejaba el alma de la verdad, de la cual poseía por naturaleza la semilla y la disposición para el conocimiento.

 

Aristóteles define a la fábula como uno de los tantos elementos de los que se vale un orador para persuadir. Por tanto es un elemento más de la retórica y no un género literario. Ya en las fábulas griegas se reflejaban rasgos de su sociedad; cada sociedad ha buscado transmitir ciertos valores de manera implícita en estas narraciones sin embargo fantásticas.

 

Por otra parte, Rousseau, en su novela Emilio o La educación, critica fuertemente el uso de las fábulas en el entorno educativo y las tilda de crueles y deformadoras del carácter inocente de los niños. Para Rousseau las fábulas son relatos de difícil entendimiento para un niño e inculcan mensajes de una moral equívoca, porque muestran que es el más fuerte y astuto quien vence y posee ventajas sobre quienes adolecen de falta de sagacidad.