SUEÑO CON PRINCESA

 

 

No hay nada más bello

 que lo que nunca he tenido

nada más amargo, 

que lo que perdí… 

“Lucía”. J. M. Serrat

 

 

 

 

 

 

Si tú supieras Princesa, que he soñado con arena suave bajo tus pies consagrados.

La playa, tu imagen, sentada en la toalla,

descansando tu rostro sobre las rodillas,

perdido en horizontes.

 

Te he visto pensativa y estabas tan bella Princesa,

despuntaba tu olor en la brisa marina,

las estrellas tan grandes simulando que vibran,

la luna acariciando tus pies desnudos y ese lunar pequeño del pie, alhaja desconocida,

con sus grandes secretos.

 

He besado suavemente tus párpados cerrados, y he sentido la respiración, agitando tu pecho.

¡Qué delicia, Princesa!

Nadie hablaba, solamente las olas besaban la arena, y después madurando la quietud del momento, me has mandado callar con el dedo en los labios.

 

Solo el mar, Princesa, solo el mar.

La botella de cava, fantasma acomodado en su lecho arenoso,

y los vasos rellenos, recreando burbujas.

Te sonries Princesa, ahora ha sido mi pecho forzado, a dejar de latir tan furioso, has calmado todo lo que quiso decir.

Solamente tocaba tus manos, y el sentir de tus dedos buscando los míos, tan despacio, tan suaves,

terciopelo vivido.

 

Ha llegado la noche, y tus ojos cerrados,

han caído vencidos sobre mi regazo,

y tu pelo humedal de la brisa marina, despidiendo el aroma suave de tus sueños perdidos, ha caído adornado sobre tu rostro ausente, mientras tú te girabas en el lecho arenoso, adaptando la espiga de tu cuero al refugio de arena.

 

Toda la noche ha volado, mientras tú dormías,  he sentido tu respirar suave y frondoso.

Además he soñado con tu templo cerrado, y he sentido la suerte de ver que la vida, nos ofrece exclusivos momentos que jamás volverán a vivirse.

 

Hoy te busco en mi arena, te encuentro en mis sueños,

y quien sabe Princesa,

si tú soñarás también.

Y si algún día nuestros sueños se encuentran por la húmeda arena, estoy seguro que despertarán antes de morir la noche, y darán paso a la luz de las miradas.

 

No digas nada Princesa, creo que te comprendo aunque no digas nada.

Eso si, sonríe Princesa, sonríe.

 

Francisco Pelegrina López