SÍNTESIS HISTÓRICA DEL SIGLO XVI EN GRANADA

(reyes, obispos, jesuitas y moriscos)

NB: Si desea tener este escrito en PDF, puede solicitarlo a: pacopelegrina@gmail.com

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

El objeto del presente trabajo es hacer una breve síntesis de un siglo totalmente intenso en la historia de Granada. Me refiero al siglo XVI, que supone en la historia de la ciudad todo un cambio a nivel local, europeo; y también a nivel mundial, con el descubrimiento de América.

 

Este breve resumen no abarca todos los planos o facetas de la historia de la ciudad en el siglo en cuestión, sino que se centra sobre todo en la relación de fuerzas entre los poderes religiosos y políticos en la ciudad de Granada y el hecho de la llegada a la ciudad de la recién creada Compañía de Jesús, así como su colaboración en las labores pastorales que les encargan por parte del arzobispado .

 

Sobre cualquier apartado de los que he dividido está síntesis se podría escribir un libro, pero no era ese mi objetivo, sino que solamente he pretendido, sintetizar, valga la redundancia, una relación político-religiosa en la historia del siglo XVI en Granada.

 

También quiero expresar que este pequeño trabajo, probablemente, no esté realizado desde un punto de vista escrupulosamente científico ni metodológico; ni siquiera para presentarlo en ningún lugar o estamento social, y por supuesto ni busca aplausos ni citas en los grandes libros de historia. Está hecho sencillamente por gusto. Por placer de poner por escrito un trozo de apasionante historia de Granada, según la ve el que esto escribe.

 

Probablemente también en algún momento, mi punto de vista no sea del todo acorde con la historia según la interpretación de la misma que tenga el lector, con lo que puedo caer en el mismo defecto que ya cayeron otros, desde las primeras crónicas sobre este tema, hasta ya bien entrado el siglo XX. José Antonio González Alcantud1 describe perfectamente las circunstancias, en su trabajo sobre los moriscos desde el punto de vista antropológico, y citando a otro conocedor de la materia como es D. Manuel Barrios Aguilera, dice que, “al historiador profesional compete entrar en un debate que dista de estar cerrado, aún a riesgo de parecer que incurre en el aludido 'sentimentalismo emocional'. Palabras y expresiones como genocidio, etnocidio, limpieza étnica o racismo de Estado, en los que tan frívolamente se han empecinado ciertos falsos progresismos, carecen del valor absoluto, están desgastadas por un uso abusivo. Para acercarse a la 'cuestión morisca' siquiera sea como punto de partida, es necesario crear otros espacios de análisis, otros niveles de aprehensión. Acaso no se inconveniente inventar metáforas que impliquen al conjunto social de la época con toda su diversidad de aspiraciones, gradaciones, glorias y miserias”2

 

Aparte de estas consideraciones técnicas, puedo decir que poco o muy poco he aportado yo a este trabajo, que como se verá está completo de citas de otros autores, por supuesto bien documentados. 

 

Por todo ello y partiendo de la base que el que escribe no es un historiador, pido clemencia y espero no haber puesto sobre el blanco de este papel alguna barbaridad que sea imperdonable. Si por descuido o desconocimiento se hubiese “colado” la barbaridad, espero y confío no acabar quemado en la hoguera.

 

 

1José Antonio González Alcantud. “Los moriscos y su antropología. Reflexiones al hilo del cuarto centenario de la expulsión de los moriscos de España.” Granada. Gazeta de Antropología. n. 12 (2012)

 

2Manuel Barrios Aguilera. La suerte de los vencidos. Estudios y reflexiones sobe la cuestión morisca. Granada, Ed. Universidad de Granada, 2011

 

1. TOMA DE GRANADA. PRIMEROS AÑOS

 

Si la historia de Granada está llena situaciones extraordinarias, dentro del espejo de la misma, el reflejo del siglo XVI, es probablemente uno de los siglos que encontraron en ésta ciudad un protagonismo histórico sobresaliente dentro de la historia de Europa y América. Me parece lógico destacar de esta época el hecho de la estrecha relación entre Estado e Iglesia, que caminando juntos crearon una forma de gobierno a la cual se le puede aplicar el lema de todos conocido y utilizado por los Reyes Católicos: “Tanto monta, monta tanto”.

 

“Resulta difícil a la actual mentalidad occidental comprender la compleja relación tal y como se dio en esta época, el denominado agustinismo político, la unión casi indisoluble de “lo religioso” y “lo político” tanto por parte del poder civil como de la jerarquía de la Iglesia.”1

 

Los Reyes Católicos en persona, fueron los que consiguieron que los habitantes de la ciudad de Granada se rindieran al cerco que ellos pusieron desde la actual y cercana ciudad de Santa Fe, que fue construida entonces, para asentarse en ella y consumar desde allí los hechos venideros. Así nos lo cuenta Pedro de Medina en 1544 (nota 2), apenas 52 años después de sucedidos los hechos.

“En el mes de mayo del año del señor de mil cuatrocientos y noventa y uno, el Rey Católico entró en la vega de Granada y taló los árboles y frutos della, y en un lugar que los moros llamaban gaston,que es un gran campo llano, apartado de Granada cuanto dos leguas, mandó el rey asentar sus reales y, habiendo su consejo, determinó de fundar allí una ciudad en que durante la guerra de Granada el ejército pudiera seguramente invernar; y trazada en forma cuadrada le puso nombre Santa Fe; y porque más brevemente se edificase, sus Altezas encomendaron y dieron cargo de la obra a las gentes de las ciudades de Sevilla, Córdoba, Jaén, Écija, Úbeda, Carmona, Xerez, Andújar, que son los pueblos principales del Andalucía; los cuales con muy buena boluntad obedecieron a su mandato y, codiciosos de acabar tan buena obra, con mucha porfío unos a otros, dándose priesa de día y de noche, dentro de pocos días la edificaron con sus muros y torres, y cavas y baluartes y puertas y otras cosas necesarias; los cuales, así por el trabajo que en ello pasaron con mucha paciencia, como por los muchos dineros que en la obra gastaron, fueron dignos de loor y gracia de sus príncipes y no menor honra y gloria merecieron los prudentes capitanes y muy fuertes caballeros que en el mismo tiempo, con gran ánimo y fortaleza y con derramamiento de su sangre resistían y alanzaban a los moros de Granada, que muy a menudo les acometían, por estorbar la obra, y con las continuas peleas y escaramuzas disminuyeron y apocaron la caballería de Granada en tanta manera que de casi cinco mil caballeros que en Granada había, apenas quedaron trecientos, lo cual fué causa que se acabase la guerra de aquella ciudad.”

 

Pero detrás de esta “necesidad” de conquistar el último reducto para la cristiandad, había un interés puramente religioso, probablemente mucho más fuerte que el interés social o político.

 

“Y es que la justificación de la campaña por motivos religiosos era el argumento más comúnmente esgrimido. Es este sentido resulta elocuente como documento coetáneo la instrucción de don Fernando de Aragón, de marzo de 1485, a sus embajadores en Roma solicitando del pontífice Inocencio VIII la revalidación de la cruzada...”3

 

1Francisco Javier Martínez Medina - Martín Biersack. Fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada: hombre de Iglesia, Estado y Letras. Prólogo, Miguel Ángel Ladero Quesada. Granada, Universidad de Granada, Facultad de Teología, 2011. (Biblioteca Teológica Granadina, 38-39)

2Pedro de Medina. Libro de las grandezas y cosas memorables de5 España. Sevilla, 1544. Reedición en: Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944. (Clásicos Españoles, I), Edición y prólogo de Ángel González Palencia. pg. 189

 

3Francisco Javier Martínez Medina – Martin Biersack. ob. cit. pág. 103

 

 

 Copia de las espadas de Fernando de Aragón, de  Boabdil y de Fernando Fernández de Córdoba
Copia de las espadas de Fernando de Aragón, de Boabdil y de Fernando Fernández de Córdoba

 

Cuando se firmaron las Capitulaciones de la Guerra de Granada el 28 de noviembre de 1491, se reflejaron en las mismas unas intenciones que en principio pueden considerarse de un carácter humanista para el trato con respecto a los moriscos. En ellas se contemplaba el“reconocimiento de la libertad personal, la conservación de las estructuras sociales y de la organización jurídica, religiosa y cultural de los vencidos”1, pero a pesar de esa constancia por escrito, no fue necesario que transcurriese mucho tiempo para que dejase de ser así, porque “el trato tolerante que habían recibido los mudéjares durante el Medievo cambiaría a raíz de la conquista de Granada en 1492. Al principio se mantuvo una política de atracción suave, preconizada por el primer arzobispo fray Hernando de Talavera, pero esta actitud fue bruscamente rota por el Cardenal Cisneros.”2

 

1Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vicent. Historia de los moriscos: vida y tragedia de una minoría. Madrid, Revista de Occidente, 1978, citando a Miguel Ángel Ladero Quesada. Los mudéjares de Castilla en tiempo de Isabel I. Valladolid, 1969, págs. 29-53

 

2Wenceslao Soto Artuñedo. “Jesuitas, moriscos y musulmanes: algunos datos de Granada y Málaga”. Encuentro Islamo-cristiano, nº 422, Madrid, 2007, pág. 2, citando a su vez a: HERRERO DEL COLLADO, Tarsicio, Talavera y Cisneros.Dos vivencias socio-religiosas en la conversión de los moros de Granada, Darek-Nyumba, Madrid 2001, colección «Pliegos de Encuentro» nº 26, 64 pp.

Imagen del Cardenal Cisneros tomada  de Wikipedia
Imagen del Cardenal Cisneros tomada de Wikipedia

En efecto, no habían pasado 9 años cuando ya el cardenal Cisneros (confesor de la reina), andaba quemando libros “herejes” en Granada, y no fueron ni uno ni dos, sino que se quemaron todos los que se encontraron en lengua árabe, puede ser que fueran alrededor de tres o cuatro mil (es difícil saberlo), pero desde luego fueron demasiados, como nos recuerda Daniel Eisenberg, en un trabajo de 1992 1

 

“Para desarraigarles del todo de la sobredicha su perversa y mala secta, les mandó a los dichos alfaquís tomar todos sus alcoranes y todos los otros libros particulares, cuantos se pudieron haber, los cuales fueron más de 4 ó 5 mil volúmenes, entre grandes y pequeños, y hacer muy grandes fuegos y quemarlos todos; en que había entre ellos infinitos que las encuadernaciones que tenían de plata y otras cosas moriscas, puestas en ellos, valían 8 y 10 ducados, y otros de allí abajo. Y aunque algunos hacían mancilla para los tomar y aprovecharse de los pergaminos y papel y encuadernaciones, su señoría reverendísima mandó expresamente que no se tomase ni ninguno lo hiciese. Y así se quemaron todos, sin quedar memoria, como dicho es, excepto los libros de medicina, que había muchos y se hallaron, que éstos mandó que se quedasen; de los cuales su señoría mandó traer bien 30 ó 40 volúmenes de libros, y están hoy en día puestos en la librería de su insigne colegio y universidad de Alcalá, y otros muchos añafiles y trompeticas que están en la su iglesia de San Ildefonso, puestos, en memoria, donde su señoría reverendísima está sepultado.”

 

Estas primeras líneas dan un ejemplo de como la “toma de Granada”, (que todavía hoy, se sigue celebrando por parte de los que se consideran vencedores), trajo unas consecuencias socialmente lamentables para los moriscos granadinos, que comenzaron con ella a ser obligados a un duro peregrinar en su futura subsistencia. En una de las obras más cercana a estas fechas, la citada anteriormente de Pedro de Medina se muestra en detalle el hecho de la celebración que la toma de Granada suponía todo un hito para la España de la “cristiandad” que ponía fin con ello a la Reconquista.2

 

“Y levantados estos pendones, luego un obispo iba a la mezquita donde los moros se ayuntaban, según su seta mehomética, a hacer sus ritos y cerimonias y, entrando dentro el obispo, la bendecía y dedicaba a nuestra religión cristiana. Pues llegados los Católicos Reyes cerca de Granada, Don Fernando de Talavera, obispo de Ávila, que ya estaba elegido por sus letras y buena vida para arzobispo de Granada, subió a lo más alto de la Alhambra y levantó el pendón de la † para que todos lo viesen; sus Altezas y sus hijos y todo el ejército, hincadas las rodillas en tierra, la doraron y dieron muchas gracias a nuestro señor. Después se levantaron los otros pendones, donde vistos no se puede decir el gozo de la gente y placer que se mostró”

 

La cita nos muestra la unión, como ya hemos dicho anteriormente, existente entre iglesia y estado, y la influencia recíproca de los dos estamentos en la vida social de la época.

 

1Daniel Eisenberg. “Cisneros y la quema de libros granadinos” en Journal of Hispanic Philology, 16, 1992, tomado de: Memorial de la vida de Fray Francisco Jiménez de Cisneros, ed. Antonio de la Torre y del Cerro (Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1913), pág. 35

 

2Pedro de Medina. op. cit. pág. 191

 

 

2. FRAY HERNANDO DE TALAVERA Y CISNEROS

 

 

Azulejo en el Monasterio de San  Jerónimo de Granada, recordando a Fray Hernando de Talavera
Azulejo en el Monasterio de San Jerónimo de Granada, recordando a Fray Hernando de Talavera

 

Dentro de los tiempos convulsos que se vivían en Granada, hay que destacar un personaje fundamental para el “buen” funcionamiento de las actividades de la Iglesia con respecto a la cristianización de moriscos, que como hemos dicho antes, se presentaba como tarea primordial en la ciudad recientemente conquistada. Hablo del primer obispo de Granada, fray Hernando de Talavera, que desde 1493 en que se recibió la bula que le nombraba arzobispo de Granada, anduvo tratando con consideración y respeto a los moriscos.

 

Por otra parte, “allí procedió a aplicar a la población musulmana una política de conversión muy suave, evitando amenazas y coacciones. De hecho, impidió que la Inquisición se estableciera en Granada. Aprendió árabe y se ganó la consideración de los musulmanes, que le apodaron alfaquí santo. Su interés en predicar a los musulmanes en su propia lengua produjo el primer diccionario español-arábigo, el Vocabulista arábigo en letra castellana de fray Pedro de Alcalá, editado en Granada en 1505.”1

No quedó aquí su buen hacer, sino que “Se opuso a la creación de la Santa Inquisición, por lo que fue a predicar a Sevilla con la idea de evitar medidas más duras contra una población que había sido convertida al cristianismo pero conocía poco y mal dicha religión. Tras la llegada de los inquisidores, incluso llegó a denunciar los abusos de éstos.”2

 

Por lo reflejado anteriormente, puede parecer todo lo que detallo “paz y alegría” en cuanto al comportamiento del Arzobispo Talavera, pero no todo era así, como podemos ver en algunos párrafos de la obra más reciente sobre el mismo, publicada en 2011, y la que he mencionado en las notas 1 y 3 de este trabajo. A continuación dejo una nota que la cuestión no fue solamente la de tolerar y orientar la cuestión morisca, sino que además se le puede añadir toda una planificación de la cuestión depositada en su actuación. Para ello, “en último término es el papa el que confiere, a petición de los monarcas las dos potestades siguiendo así la teoría de las dos espadas. Y al prelado así investido se le encomienda tanto el gobierno espiritual y temporal, convirtiéndose por su orden sagrado en el principal instrumento de la corona, en concreto a Fray Hernando se le encomienda organizar el nuevo reino e incorporar a sus antiguos habitantes de cultura y religión musulmana a la cultura y religión castellana. Como indicaremos más adelante, durante los primeros años mientras se cumplieron las capitulaciones el arzobispo fue el último responsable del gobierno de la ciudad tanto en lo espiritual como en lo temporal.”3

 

En 1507 muere este buen hombre, dos años después que su protectora la Reina Isabel, momento en que el inquisidor de Córdoba manda apresar a sus familiares y amigos y prepara su proceso por herejía y apostasía de la fe, debido a su actitud contraria a la Inquisición.

 

Un poco antes tuvo alguna discrepancia con el cardenal Cisneros, que abogaba por emplearse con mas severidad en estas cuestiones.

 

 "El Cardenal Cisneros, llegado a Granada en 1499, considerando que la tarea y los medios utilizados por el arzobispo eran insuficientes, emprendió una serie de conversiones masivas más o menos forzadas, lo cual además de otros actos como la quema de las bibliotecas árabes, hizo que los moros consideraran que se violaban las Capitulaciones."4

 

También D. Antonio Domínguez Ortiz, (coincidiendo con Mercedes García Arenal) nos recuerda estos desacuerdos entre el Arzobispo de Granada y el cardenal Cisneros, diciendo que “lo cierto es que sus métodos expeditivos [del Cardenal Cisneros] contrastaban con la obra de paciencia y lenta persuasión de la que se había hecho representante el primer arzobispo de Granada, Fray Hernando de Talavera.”5

 

Quiero deja una última constancia de el cambio que supuso la actuación del cardenal Cisneros, cuando se ve que si la unidad político-territorial se había conseguido, no se había avanzado en cuanto a la realización de la unidad religiosa.

 

 “Los métodos de conversión empleados por Talavera parecían demasiado lentos, tanto más cuanto los nuevos hombres del consejo real y las nuevas tendencias eran de signo radicalmente distinto a los anteriores. Se imponía la línea dura, que por otra parte cuadraba plenamente con el nuevo hombre fuerte de la nueva situación religiosa, el Cardenal Cisneros, sustituto de Talavera y vinculado además a un funesto personaje, el inquisidor general Fray Diego de Deza, dominico, converso como fray Hernando, si bien representaba la antítesis por su afán de poder y beneficios para él y para toda su familia.”6

 

1 En Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Hernando_de_Talavera, citando a: Martín de la Hoz, José Carlos (2010). El Islam y España. Rialp. p. 111.

3Francisco Javier Martínez Medina – Martin Biersack. ob. cit. pág. 47

4Mercedes Garcia Arenal. Los moriscos. Madrid, Editora Nacional 1975. pág. 29

5Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vincent. ob. cit. pág. 19

 

6Francisco Javier Martínez Medina – Martin Biersack. ob. cit. pág. 82

 

 

3. LOS AÑOS DE DESGASTE HASTA 1526

 

 

Si los años transcurridos desde la toma de Granada en 1492, hasta la muerte de fray Hernando de Talavera en 1507, se crearon las bases documentales para la expulsión de los moriscos, la aplicación de las mismas se fue endureciendo lenta pero inexorablemente y cada vez se hicieron más políticas de desgaste, aunque, “legalmente siguió gozando de todos los derechos y se puede hablar de coexistencia de las dos comunidades, pero en la vida corriente la presión de los vencedores se hizo cada vez más fuerte, hasta poner en tela de juicio la existencia misma del grupo minoritario”1

 

Entre las cosas que se le fueron prohibiendo poco a poco está el portar armas, se les fue negando el derecho a comprar tierra, y otras limitaciones que desembocaron en la rebelión de los habitantes del Albaicín, aunque la revuelta fue sofocada rápidamente.

 

Estos “movimientos de queja”, que surgieron en Granada capital, pronto se extendieron a La Alpujarra, y aunque los cristianos recuperaron algunas poblaciones, como Lanjarón y Laujar de Andarax, quedaron muchos de ellas, en donde la población seguía un tanto enfurecida.

 

1Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vincent. ob. cit. pág. 18

Imagen tomada de Wikipedia de La expulsión de los  moriscos (pintura de 1894), de Gabriel Puig Roda.
Imagen tomada de Wikipedia de La expulsión de los moriscos (pintura de 1894), de Gabriel Puig Roda.

La creencia entre los moriscos que el hecho de bautizarse se les dejaría en paz fue totalmente equivocado, así se promulgaron un conjunto de cédulas reales que les fueron estrechando el cerco cada vez más: “Entre 1511 y 1526 se acumulan una serie de textos que, tomados aisladamente (y esto es lo que explica la poca atención que se les ha prestado) no parecen de gran alcance, pero agrupados traducen los rasgos básicos de una política que va afirmándose, aunque no siempre conozcamos a sus agentes.”1

 

El apogeo de esta opresión creciente sobre la población morisca se culmina en 1526, cuando atendiendo lo acordado en varias cédulas anteriores y “cuando una junta convocada en Granada por iniciativa regia publicó sus conclusiones el 7 de diciembre”2

 

A partir de ahora se les prohíbe entre otras cosas, “el empleo del árabe escrito u oral, el porte de vestidos, tales como amalafa, el de amuletos, alhajas o cualquier otro símbolo de pertenencia al Islam, la circuncisión, la propiedad de esclavos y armas, la manera ritual de matar los animales de consumo, los movimientos de población...”3 y algunas más.

 

1Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vincent. ob. cit. ob cit. pg. 21, dice:

2Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vincent. ob. Cit., citando a : Gallego Burin, A. - Gámir Sandoval, A. Los moriscos del reino de Granada según el sínodo de Guadix de 1554. Granada, 1968,

 3Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vincent. ob. cit. pág. 22

 

 

 

4. FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

 

 

Imagen de San Ignacio de Loyola,    fundador de la Compañía de Jesús
Imagen de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús

 

 Corría el año 1529, (tres años después de lo descrito anteriormente), cuando Yñigo de Loyola (después llamado Ignacio) había tomado la decisión de “servir a las almas”. Para formarse academicamente, marcha al Colegio de Santa Bárbara, de la Universidad de París. Allí conoce a Pedro Fabro y Francisco de Javier a los que interesa en su causa, y con los que comparte alguna experiencia espiritual basada ya en el método ascético desarrollado por el mismo: los Ejercicios Espirituales.

 

En 1533 llegan a París, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla y Simão Rodrigues, que se unen al grupo de Ignacio, y el 15 de agosto de 1534, fiesta de la Asunción de la Virgen y marchan juntos hacia la cripta de la capilla del Martyrium, en la colina de Montmartre, donde pronuncian los votos de pobreza, castidad y un tercero que consiste en marchar en peregrinación a Jerusalén.

 

Después de los votos se unen al grupo otros tres miembros “reclutados” por Fabro: Claudio Jayo, Juan Coduri y Pacasio Broët. El grupo (ya de diez personas), se encuentran en Venecia, que se encuentra en guerra con el Imperio Otomano, no pueden seguir su viaje a Palestina, por lo que deciden marchar hacia Roma. 

 

 

En Roma, tras mucha deliberación deciden fundar la Compañía de Jesús, aprobada el 17 de septiembre de 1540 por el Papa Paulo III, quien les reconoce como nueva orden religiosa y firma la bula de confirmación Regimini militantis ecclesiae.

 

Mientras todo esto sucedía, se celebra también el Concilio de Trento (1545 y 1563), nacido sobre todo para comenzar lo que acabó llamándose la contrarreforma, y del que manaron otras cuestiones como la creación de seminarios, para la mejor formación del clero. Como hemos visto antes, la Compañía de Jesús se había adelantado a este concilio en cuanto a la importancia de formación de sus miembros, pero sin olvidar asimismo que debían obediencia al Papa, que también en este concilio había sido declarado “Pastor Universal de la Iglesia”. Ellos asumen esta obediencia en su Fórmula del Instituto en la que se dice: “Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra”.1

 

1Todo este capítulo 4 ha sido resumido de Wikipedia en sus dos entradas de, Compañía de Jesús :

https://es.wikipedia.org/wiki/Compa%C3%B1%C3%ADa_de_Jes%C3%BAs,

y en la de Concilio de Trento:

https://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento

 

5. EL OBISPO PEDRO GUERRERO Y LA LLEGADA A GRANADA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Entre la muerte de Fray Hernando de Talavera en 1507 y la llegada a Granada de Pedro Guerrero en 15461, habían pasado por la ciudad otros seis obispos, pero aún la Compañía de Jesús, no había llegado a la ciudad, lo hizo en 1554, y fue don Pedro Guerrero el que durante su estancia en Granada, solicitó la colaboración de la misma Compañía, en las tareas de evangelización de los moriscos. “No escatima esfuerzo alguno que pueda redundar en bien de los moriscos. Sueña con establecer un centro misionero en el corazón del Albaycín, brindando a los Jesuitas una casa en aquel barrio y corriendo a sus espensas el sustento de aquellos que considera sus mejores colaboradores. Les ofrece tener capilla para poder administrar los sacramentos.”2

 

Como he dicho antes, los jesuitas acababan de asentarse en Granada (1554), como nos narran detalladamente los padres (también jesuitas), Joaquín de Bethencourt y Estanislao Olivares d'Angelo en su edición de la Historia del Colegio de San Pablo : Granada 1554-1765, obra publicada en la Facultad de Teología de Granada en 1991 y en la que se hace un detallado estudio del manuscrito Jesuitas, Libro 773, del Archivo Histórico Nacional en Madrid.

 

 “Hauiendo venido a esta Ciudad el año de 1554 por cobrar salud en su natural el P. Diego de Sta. Cruz, estando en casa de un sacerdote Hermano suyo, que llamava Christóval Sánchez, trataron los dos qué medio se tomaría para traer aquí la Compañía, y ofreciendo para este fin unas casas suyas, fue a Córdoba el dicho Christoval Sánchez a tratarlo con el P. dotor Torres, primer Provincial de Andalucía: él aceptó las casas, y embió luego al P. Pedro Navarro solo, el qual iva a decir misa, y confesaua algunas personas en san Gil, Iglesia Parrochial de esta ciudad. Hasta que con la buena acogida de el Arçobispo D. Pedro Guerrero dándose más a conocer la Compañía y ofreciendo otras lymosnas vinieron otro Padre y dos Hermanos a ayudar al Padre Nauarro, y acomodaron una capilla en su nueua casa, donde se dixo la primera misa a ocho de setiembre de el mismo año de 1554.”3

 

Igualmente el P. Francisco B. Medina, nos lo sintetiza en breves palabras, pero indicando claramente “un centro de atracción de vocaciones moriscas”.

 Otro campo fue Granada. Ignacio de Loyola vio en el colegio de la Compañía de Jesús, fundado en 1554, un centro de atracción de vocaciones moriscas, no sólo para el apostolado en el reino de Granada, sino también para la misión que proyectaba en el Norte de África.4

 

Con todo detalle nos encontramos que las primeras casas, se instalan a espaldas del Monasterio de la Encarnación, junto a la que es hoy Iglesia de Santos Justo y Pastor y al otro lado de la Calle de San Jerónimo, pero que parece ser que estuvieron unidos los edificios en aquel momento, como nos dice este texto:

 

 “Este convento no tuvo capilla propia, habilitando para tal fin a la vecina Parroquia de San Justo y Pastor, levantada sobre la antigua mezquita. Esta unión duraría hasta 1799 en que la parroquia se traslada a la vecina capilla de la Compañía de Jesús, siendo usada solo por las religiosas hasta su derribo en 1835... Su origen es un conglomerado de casas antiguas, algunas de principios del XVI, con capiteles nazaríes, zapatas, alfarjes, reducidos patinillos y galerías de madera, que hacia 1560-80 fueron regularizadas con un amplio patio con dobles galerías de arcos de medio punto sobre esbeltas columnas toscanas y escalera cubierta por rico artesonado... En su jardín trasero, en unas recientes excavaciones, se han encontrado vestigios de la antigua muralla que pasaba por esta zona.”5

 

Y la fuente más rigurosa de la situación de esas primeras viviendas, de las que el Sr. Arzobispo pagaba los alquileres con limosnas, la encontramos en la obra de Juan Sevilla:

 

“Se tomaron dos casas, que están a las espaldas del Monasterio de la Encarnación, las cuales se pagaba los alquileres de ellas de limosna que para ello daba el Sr. Arzobispo; pasados dos años que la Compañía vivió en las casas que están a las espaldas de la Encarnación, pareció convenir se buscase casa mayor...”

“Se comenzaron a comprar algunas casillas que en la calle de San Hiéronimo había, donde se comenzó el nuevo edificio... También se pidió al Cabildo de la Ciudad nos hiciese merced de un pedazo grande de muralla y barbacana y una torre muy grande que atravesaba por medio nuestro sitio..., y con esto y otro trozo de solar que era lo que agora llamamos primera huerta...”6

 

Además de la preocupación por evangelizar a los moriscos, La Compañía de Jesús entiende que lo mejor es aprender árabe para poder hacer una mejor labor.7

 

Vista la necesidad de emplearse a fondo tanto D. Pedro Guerrero como la Compañía de Jesús, aunque es verdad que la Compañía de Jesús tenía sus dudas probablemente sobre el modo y forma,8 pero aún así, el Arzobispo facilita una casa en el Albaicín para que se instalen algunos jesuitas, previa petición del Arzobispo al P. General Diego Laínez en 1558.9

 

Como se puede ver solamente habían pasado cuatro años desde que llegasen a Granada, cuando ya D. Pedro Guerrero contaba con ellos.

 

1Juan López Martín. “Don Pedro Guerrero, obispo de la Contrarreforma”. Archivo Teológico Granadino (ATG), vol. 31, 1968, pg. 199: “Este es el hombre que, para el tan problemático arzobispado del recientemente conquistado reino de Granada, propondrá el emperador Carlos V el año 1546 al papa Paulo III, fiado sin duda en sus cualidades intelectuales, dotes de mando y fama de santidad”

2Juan López Martín. ob. cit. pág. 212

3HISTORIA del Colegio San Pablo : Granada 1554-1765. Archivo Histórico Nacional Madrid. Ms. Jesuitas, Libro 773. Transcripción de Joaquín de Bethencourt S.I. ; revisión y notas de Estanislao Olivares S.I. Granada, Facultad de Teología, 1991 (Biblioteca Teológica Granadina, 25), pg. 27-28

4MEDINA, F.B. “Morisco, apostolado” en O'NEILL – DOMÍNGUEZ. Diccionario histórico de la Compañía de Jesús: biográfico temático. Roma: Istitutum Historicum Societatis Iesu, 2001. Vol. III, pg. 2747

6JUAN SEVILLA. Historia del Colegio de Granada, AHTol, cap. 6-12. fol. 6r, 13r y 14

7SOTO ARTUÑEDO, Wenceslao. op. cit. pág. 5, dice: “Por la gran población morisca existente, se pensó, desde el principio, en aprender el árabe para introducirse entre ellos.”

8SOTO ARTUÑEDO, Wenceslao. ob. cit., p. 6: El P. General aprobó la idea en 1559, a modo de prueba, a pesar de las dificultades que veía en ello el Provincial Bustamante: bautismo forzado y experiencia negativa de los moriscos por la desconfianzas mostrada hasta entonces por los clérigos, que buscaban preferentemente su interés económico.”

 

9SOTO ARTUÑEDO, Wenceslao. ob. cit. p. 5-6 dice: “La predicación de Albotodo hizo pensar en una casa estable entre los moriscos, petición que el arzobispo D. Pedro Guerrero, hizo llegar el P. General Diego Laínez en 1558. Los mismos moriscos solicitaron al arzobispo que los jesuitas vivieran entre ellos y fuesen sus predicadores”

 

6.  EL P. JUAN DE ALBOTODO

 

Entre los primeros jesuitas que se instalan en Granada, revisando los libros de historia nos encontramos con apellidos que marcan el inicio de la Compañía (entre ellos Basilio, Plaza, Ruiz, Navarro, de la Torre, Juan de Cañas, y algunos mas), pero en los distintos libros consultados, nos tropezamos siempre con el P. Albotodo, uno de los primeros jesuitas que inició una pastoral concreta de cristianización entre los moriscos granadinos del Albaicín.

 

“Sin duda alguna el personaje más célebre e importante que en esta época se incorpora en Granada a la Compañía de Jesús es el padre Juan Albotodo, de origen nazarí, del que nos ocuparemos extensamente por su gran apostolado con sus hermanos de raza. Había nacido en Granada por los años 1527 y era hijo de un probre morisco que ganaba penosamente la vida con el oficio de herrero.”1.

  

Ingresa en la Compañía en 1557, y previamente se había formado en el Colegio San Miguel2 y Santa Catalina, en donde había sido becario, atraído por la predicación del célebre Padre Basilio. “Como en otros casos, su entrada es una expresión más de la generosidad y alteza de miras del arzobispo... [que] lo había protegido con largueza hasta verlo ordenado sacerdote el mismo año en que decide su ingreso en la Compañía”3

 

Bien podría pensarse que el P. Albotodo, le cogió en “tierra de nadie”, pues sus orígenes moriscos, hacían que sus paisanos (habitantes del Albaicín) recelasen de su labor, y por el mismo motivo de sus orígenes, parece ser que dentro de la Compañía de Jesús, también existía algún recelo en sentido contrario. Pero por si había alguna duda de la valía de este hombre. El P. Astrain nos saca de dudas cuando dice que, “El arzobispo D. Pedro Guerrero se servía del P. Albotodo para todas las obras buenas que deseaba hace en provecho de los moriscos; la Inquisición acudía á él para la reducción de los apóstatas y renegados que tenía en sus cárceles, y la Cancillería le encomendaba el asistir a los condenados a muerte. No se limitaba el celo de este insigne operario á los moriscos y á la gente pobre. También se acercaban á el personas nobles y poderosas, y gustaban de tomarle por Padre espiritual, pues á todos cautivaba la suavidad de costumbres, la suficiencia de letras, los buenos modales, y, principalmente, la grave santidad que resplandecía en el P. Albotodo”4

 

Como digo son muchos los que hacen mención de él, pero probablemente sea mejor ver los primeros libros que lo nombran, entre ellos la Historia del Colegio de San Pablo, citada en la nota 17 que dice con respecto al P. Albotodo y la fundación de la casa del Albaicín.

 

“... y para acudir también a la enseñança y remedio de los moriscos naturales, gente bien necesitada de Doctrina, se alquiló una casa en el Albaiçín, dando lo necesario para el sustento el Arçobispo. Y se pasaron a ella nueue de la Compañía, teniendo por superior al P. Ambrosio de Castilla. Predicaba a los moriscos el P. Albotodo en su lengua arábiga los domingos y fiestas, y pusieron escuelas para enseñar a leer y escreuir a sus hijos por enseñarles juntamente los mysterios de la fe y buenas costumbres.” 5

  

Aunque ahora hablamos, del P. Albotodo, es necesario poner unas líneas sobre la Casa del Albaicín que algunos sitúan junto a la iglesia de San Bartolomé y que hoy se cree que es la conocida como “Casa Morisca” que hay en la calle, (actualmente llamada calle Pagés), muy próxima a la Iglesia del Salvador. Aunque independientemente de donde se encontrase o de donde aún se encuentre, lo importante es el trabajo que en ella se realizaba.

 

La primera comunidad jesuitica que se instaló en la casa del Albaicín el día 5 de julio de 1559, probablemente comenzando con nueve miembros, aunque la comunidad varió en número de miembros de seis (como mínimo) a doce (como máximo).

 

El artículo citado de Wenceslao Soto (historiador y jesuita) nos lo explica en detalle:

 

 “Este primer grupo estaba compuesto por el superior, Sancho de Castilla, el P. Albotodo (predicador en árabe), el P. Francisco de la Torre (maestro de escritura), Juan García (maestro de lectura, confesor y predicador en castellano) y Diego de Yébenes (encargado de la casa), más cuatro novicios y un donado, Pedro Delgado (corrector, encargado de la disciplina de los alumnos). Después de fueron añadiendo otros. El número de jesuitas fue variable desde el máximo de doce en 1561 hasta el mínimo de seis en 1566. Ordinariamente había dos sacerdotes y seis o siete hermanos.”6

 

Después del inciso sobre la Casa del Albaicín, vuelvo sobre el P. Albotodo, que reunía dos características fundamentales para ser eje principal en la educación y pedagogía entre los moriscos del Albaicín. Su dominio del idioma, y su conocimiento de las costumbres de la población, por ser el natural del mismo barrio, y parece ser que por su sobresaliente humildad.

 

En un par de citas de textos antiguos que nos corroboran lo dicho:

 

“... el exemplo de los nuestros y otros ministros del evangelio que acudieron a su enseñanza, y especial el P. Maestro Juan de Alvotodo, que aviendo nacido de ellos, como flor entre espinas, les predicava eficacíssimamente en Arábigo, y les movía aún con más eficacia con el exemplo de su rara virtudo y humildad.”7

 

“De más vajos principios levantó Dios para compañero deste Padre y de los que sirvieron a el Señor e ilustraron la Compañía al P. Maestro Juan de Alvotodo, en la casta y descendencia igual a los moriscos, y aun entre ellos de vajo linaje, pero en la virtud y fe aventajado ministro de Jesucristo, que usado es de su Magestad ostentar su poder con instrumentos viles y humildes.”8

 

Igualmente nos encontramos que el P. Albotodo, tuvo ocasión de trabajar en otros lugares por encargo del Sr. Arzobispo, como fueron las Alpujarras, y en algunos pueblos de la vega de Granada, incluída la población de Loja un poco más distante de Granada. Es de destacar la confianza que D. Pedro Guerrero tenía en los jesuitas.

 

“Y este plan cuaresmal no quedaba limitado solo a la ciudad, sino que transcendía a la diócesis. Se sabe que algunos predicadores por indicación o mandato de don Pedro, salían durante la cuaresma a las Alpujarras o pueblos de la vega granadina con esta misión.”9

 

Ya solamente constatar en otra cita que murió el P. Albotodo en Sevilla el 14 de mayo de 1578, con 50 años de edad y 20 de jesuita.

 

“... el venerable P. Maestro Juan de Albotodo, a quien sacó Dios como rosa entre espinas, hijo de Padres moriscos, para que fuese apóstol de su nación. Avíale su virtud hecho lugar en el colegio de Santa Catalina10; de aquí le llamó Dios a la Compañía con tan gran fuerza que se vencieron dificultades que parecían insuperables. Dispensó el General para su entrada, mobido con instancias y cartas del santo Arçobispo D. Pedro Guerrero.11

 

Y por último cito (de la misma Historia del Colegio de San Pablo), los elogios que se vierten sobre el, venerándole casi como un santo.

 “En la religión hizo vida de apóstol, y tantas diligencias en convertir los de su Nación quantas ellos por quitarle la vida. Mas conservole Dios con singular providencia para que él la diese a muchos que socorrió en sus aprietos, que sacó de sus errores, que reformó en sus costumbres; en Granada, Córdova y Sevilla hizo maravillas su caridad, obras que se celebravan como milagros. Mayor que todas fue su profundíssima humildad, tratándose de palabra y obra entre los nuestros y los seglares como un vil morisquillo; y entonzes las mayores grandezas del siglo le veneravan como a sancto y fiavan sus conciencias los más nobles, en Granada, en Sevilla, jueces, governadores y señores de título. Llorole la ciudad como a común Padre de todos.”12

 

 

1Juan López Martín. “El arzobispo de Granada D. Pedro Guerrero y la Compañía de Jesús.” Anthologia Annua. Vol. 24-25, Roma, Instituto Español de Historia Eclesiástica, 1977-1978. pg. 460

2Antonio Astrain. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España. Tomo II – Laínez-Borja, 1556-1572. Madrid, Est. Tipográfico “Sucesores de Rivadeneyra”, 1905. pg. 281 dice: Entendió el Arzobispo el plan de nuestros Padres, y le pareció admirable para conseguir la tan deseada conversión de los moriscos... Fundose este seminario cerca de la catedral, y se le dió la advocación de San Miguel. Deseó mucho el buen Arzobispo que la Compañía se encargase de este seminario, sin dejar por eso la casa del Albaicín.”

3Juan López Marín. (1977-1978) ob. cit. pg. 460

4Antonio Astrain. ob. cit. pág. 476

5Historia del Colegio San Pablo. ob. cita. p. 31

6Wenceslao Soto Artuñedo. ob. cit. p. 6

7Historia de Colegio de San Pablo. ob. cit. p. 176

8Historia del Colegio de San Pablo, ob. cit. p. 186

9Juan López Martín (1968). ob. cit. pg. 209

10Reproduzco la misma nota que está en la Historia del Colegio de San Pablo, ob. cit. p. 187: “Frontera de la santa iglesia mayor y casi de su gran torre está el colegio de Santa Catalina, de clérigos theólogos y virtuosos, fundación del ilustrísimo Sr. D. Gaspar de Avalos... Es colegio de grande auctoridad y de letras, y an salido dél grandes sujetos que an ocupado grandes prevendas. Son catorce colegiales... Gozan de dos capellanías en la Real Capilla”: F. Henríquez de Jorquera, Anales de Granada, pág. 253

11Historia del Colegio de San Pablo, ob. cit. pág. 187

 

12Historia del Colegio de San Pablo. ob. cit. pág. 187-188

 

  1. COLABORACIÓN ENTRE EL OBISPADO Y LOS JESUITAS

 

Si en las páginas anteriores ya hemos dado algunos detalles de la colaboración recíproca entre el arzobispo D. Pedro Guerrero y la Compañía de Jesús, queremos ahora documentarla como una de las épocas en las que esta confianza mutua, pocas veces ha sido superada en los años posteriores.

 

Probablemente uno de los estudios mejores sobre la vida D. Pedro Guerrero, lo publicó D. Juan López Martín en 1968 y en el se estudia la vida de este dirigente de la Iglesia granadina con todo detalle, y por ello nos deja constancia de esta extraordinaria colaboración.1

 

Su deseo de evangelización era grande, sabiendo la necesidad que encontraba en Granada como población, y siendo consciente de su obligación como pastor “le hará sentirse atado a sus diocesanos, tan necesitados de sus constantes cuidados, de su palabra y mirada vigilante, que no dudará decir al mismo Emperador, cuando le ordena encaminarse al Concilio.” “… aunque no dexaré de representar juntamente questa tierra y reyno de Granada tiene más necesidad que otra ninguna destos reynos de la presencia y doctrina del Prelado...”.2

 

Siguiendo la estructuración utilizada por Juan López Martín, en su artículo citado, se puede plantear la actuación pastoral de D. Pedro Guerrero, sustentada en algunos puntos entre los que se encuentran los tres siguientes:

 

 

7.1 Plan cuaresmal

 

Consistía el mismo en una organización detallada y un solo programa de predicación para todos los sacerdotes, con el fin de unificar criterios y evitar contradicciones. Este plan cuaresmal no se ceñía solamente a la ciudad de Granada “sino que transcendía a la diócesis. Se sabe que algunos predicadores por indicación o mandato de don Pedro, salían durante la cuaresma a las Alpujarras o pueblos de la vega granadina con esta misión”3

 

 “El mandó juntar todos los predicadores de Granada en su casa, donde se dio orden de lo que se auía de tratar en los sermones, y el modo con que uniformiter auían de proceder; de manera que no se sentiesse dissención ni contradicción en la doctrina; y entre otras cosas que encommendó, fue que insistiessen mucho en persuadir la freqüencia de los sacramentos, oración mental y mortificación, como cosas en que tanto íua, poniendo por testigo el fruto que por experiencia se vee en los que lo hizen. Y también encargó mucho (y esto todo lo dio in scriptis) que aconsejasen que hagan confesión general, quien no la vuiesse hecho. Spérase esta quaresma mucho fruto. Sea todo para gloria de nuestro Señor”4

 

7.2 Instrucción de los moriscos

 

Si el Plan Pastoral antes citado, tenía una explicación más que lógica era poder aplicarlo efectivamente sobre la realización de este segundo punto que consistía en instruir a los moriscos.

 

Y si hay dos puntos sobre los que el sabe bien que se puede trabajar con mayor dedicación son los siguientes: “El Albayzín con sus ocho mil almas o más constituye preocupación especial de su espíritu misionero. Las Alpujarras, reducto solapado de creencias mahometanas, es su constante pesadilla.”5

 

El mismo arzobispo se lo comunica al P. General de la Compañía de Jesús, hablándole claramente de la buena labor que están haciendo “estos Padres.

 

 “En las cargas que esta dignidad tiene, una dellas y a mi juicio la mayor es el cuidado de estos christianos nueuos, de que hay muchos en todo este reyno de cathicizallos y instuillos en cosas de la feé, por estar ellos arto necesitados de esto y aun remotos y poco aficionados a nuestra fée y a sus ministros, y sino fuer por lo muchos que estos Padres de la Compañía hijos de V. P. me ayudan en este ministerio, yo creo auría ya desfalleçido y cansádome”6

 

Y por último otra cita que nos muestra esta estrecha colaboración:

 

“No escatima esfuerzo alguno que pueda redundar en bien de los moriscos. Sueña con establecer un centro misionero en el corazón del Albayzin, brindando a los Jesuitas una casa en aquel barrio y corriendo a sus espensas el sustento de aquellos que considera sus mejores colaboradores. Les ofrece tener capilla para poder administrar los sacramentos, Insistirá una vez más en este intento, cuando los mudéjares le piden la ida de los padres a su barrio.”7

 

7.3. Atención al clero y a los religiosos.

 

 

Otra de las preocupaciones de D. Pedro Guerrero parece ser que se fundamentaba en su preocupación por “el cuidado por aquellos que son o han de ser los inmediatos colaboradores del pastor y por las personas dedicadas de forma especial al santuario.”8

 

Su preocupación por la reforma de los seminarios como bien expuso en Trento, con los Memoriales escritos por Beato Maestro Ávila.

 

Igualmente su preocupación por las religiosas, queda claro en la carga autógrafa que escribe al P. General de la Compañía de Jesús el 27 de Agosto de 1560, en la que dice:

 

“Los padres de la compañía desta ciudad después que en ella están an oydo de penitencia algunas vezes a las religiosas del monasterio de la Encarnaçión que está junto a su casa y son de mi obseruancia con licencia del P. Francisco y del P. Prouincial Bustamante, y se conoçe muy claramente el fruto que en esta casa an hecho; deseo para que tan buena obra se lleue adelante y no se cayga, que V. P. nos haga merçed a las Religiosas y a mí de embiarles licençia a estos padres en escrito para que lo hagan, que çierto entiendo que se sirue dello mucho nuestro Señor y se haze gran fruto y tendrá en ellas V. P. entre perpetua capellanas, porque desean mucho se les haga esta merced conociendo su aprouechamyento después que con ellos confiesan”9

 

Por último quiero finalizar este apartado con un par de citas, una del P. General (P. Laínez), hablando del Sr. Arzobispo.

 

“El Sr. arçobispo nos es muy padre de veras y a las claras. Su S.ª nos çeba de su parte siempre al seruicio de nuestro Señor, en el aprouechamiento de las almas de nuestros próximos, que le pareçe a él va bien guiado por las ocupaciones dichas en que entendemos, muy comunes y usadas en toda la Compañía. Proueenos también este gran perlado de consejo y pareçer las veces que los de casa van a pedírsele, con los cuales conversa tan familiarmente, que quiça nos pone por esto en más cuydado para no perdelle nada del respecto que se deue a semejante persona, tan preeminente en virtud, en dignidad, en letras y autoridad. Es tan humilde, que también huelga de pedir el pareçer de los de casa. Pasa su caridad a proueernops de limosna ordinaria para nuestra sustentaçión, y de algunas extraordinarias entre año...”10

 

Por último solamente quiero decir que hasta la hora de testar el arzobispo Guerrero quiso agradecer a la Compañía de Jesús su colaboración en todos los sentidos, donándole todo lo que poseía, sobre todo los libros, que en realidad era lo único que poseía, ya que todo lo demás lo había entregado a los pobres, aunque fue el Santo Padre de Roma, el que se opuso a tal propuesta.

 

“Su generosidad en dar llegó a tal extremo, que con toda verdad el P. Polanco, S. J. Pudo decir al Romano Pontífice ante la negativa de conceder al arzobispo la gracia, según sus deseos, de testar a favor de la Compañía: “replíquele que dava tantas limosnas el arçobispo en vida, que poco ualdrían sus despojos después de muerto, y que serían algunas deudas que él no puede cobrar, aunque podría en uida hazer donación dellas”11

 

 

 

 

 

 

1Juan López Martín. (1968) ob. cit. En la nota 21.

2Juan López Martín. (1968) ob. cit. pg. 202

3Juan López Martín. (1968) ob. cit. pág. 209

4Juan López Martín. (1968) ob. cit. pág. 209, que cita a su vez: Monumenta Historica Societatis Iesu (MHSI), vol. 63, Litt. Quadr., V

5Juan López Martín. (1968) ob. cit. pág. 211

6Juan López Martín. (1968) ob. cit. pág. 211

7Juan López Martín. (1968) ob. cit. pág. 212

8Juan López Martín. (1968) ob. cit. pág. 218

9Juan López Martín. (1968) ob. cit. pag. 222, citando a: Arch. Cur. Gen. S. J., Epist. Episc., Ext. X, fol. 49

10Juan López Martín. (1968) ob. cit. págs. 224-225.

 

11Juan López Martín. ob. cit. pág. 227

 

 

8. BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

 

 

Archivo Curia Generalis S.J. Epist. Episc., Ext. X, fol. 49

 

Antonio Astrain. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España. Tomo II – Laínez-Borja, 1556-1572,Madrid, Est. Tipográfico “Sucesores de Rivadeneyra”, 1905.

 

Manuel Barrios Aguilera. La suerte de los vencidos. Estudios y reflexiones sobe la cuestión morisca. Granada, Ed. Universidad de Granada: 2011

 

Convento de la Encarnación” en: http://granadanosoloeslaalhambra.blogspot.com.es/2013/11/monasterios-y-conventos-en-granada.html

 

 

Antonio Domínguez Ortiz – Bernard Vicent. Historia de los moriscos: vida y tragedia de una minoría. Madrid, Revista de Occidente, 1978

 

Daniel Eisenberg. Cisneros y la quema de libros granadinos” en Journal of Hispanic Philology, 16, 1992

 

Gallego Burin, A. - Gámir Sandoval, A. Los moriscos del reino de Granada según el sínodo de Guadix de 1554. Granada, 1968,

 

Mercedes Garcia Arenal. Los moriscos. Madrid, Editora Nacional 1975.

 

José Antonio González Alcantud. “Los moriscos y su antropología. Reflexiones al hilo del cuarto centenario de la expulsión de los moriscos de España.” Granada. Gazeta de Antropología. n. 12 (2012)

 

HISTORIA del Colegio San Pablo : Granada 1554-1765. Archivo Histórico Nacional Madrid. Ms. Jesuitas, Libro 773. Transcripción de Joaquín de Bethencourt S.I. ; revisión y notas de Estanislao Olivares S.I. Granada, Facultad de Teología, 1991 (Biblioteca Teológica Granadina, 25)

 

Miguel Ángel Ladero Quesada. Los mudéjares de Castilla en tiempo de Isabel I. Valladolid, 1969.

 

Juan López Martín.

 

- (1977-1978)“El arzobispo de Granada D. Pedro Guerrero y la Compañía de Jesús.” Anthologia Annua. Vol. 24-25, Roma, Instituto Español de Historia Eclesiástica, 1977-1978.

 

- 1968) “Don Pedro Guerrero, obispo de la Contrarreforma”. Archivo Teológico Granadino (ATG), vol. 31, 1968

 

Martín de la Hoz, José Carlos. El Islam y España. Rialp. 2010

 

Francisco Javier Martínez Medina - Martín Biersack. Fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada: hombre de Iglesia, Estado y Letras. Prólogo, Miguel Ángel Ladero Quesada. Granada, Universidad de Granada, Facultad de Teología, 2011. (Biblioteca Teológica Granadina, 38-39)

 

Medina, F. B. “Morisco, apostolado” en O'neill – Domínguez. Diccionario histórico de la Compañía de Jesús: biográfico temático. Roma: Istitutum Historicum Societatis Iesu, 2001. Vol. III, pg. 2747

 

Pedro de Medina. Libro de las grandezas y cosas memorables de España. Sevilla, 1544. Reedición en Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944. (Clásicos Españoles, I), Edición y prólogo de Ángel González Palencia

 

Memorial de la vida de Fray Francisco Jiménez de Cisneros, ed. Antonio de la Torre y del Cerro Madrid: Centro de Estudios Históricos, 1913

 

Monumenta Historica Societatis Iesu. (MHSI), vol. 63, Litt. Quadr., V

 

Juan Sevilla. Historia del Colegio de Granada, AHTol, cap. 6-12. fol. 6r, 13r y 14

 

Wenceslao Soto Artuñedo. “Jesuitas, moriscos y musulmanes: algunos datos de Granada y Málaga”. Encuentro Islamo-cristiano, nº 422, Madrid, 2007

 

 

Wikipedia

-Compañía de Jesús

-Concilio de Trento

-Hernando de Talavera

 

 

NB: Si desea tener este escrito en PDF, puede solicitarlo a: pacopelegrina@gmail.com