OJO. 

El ojo ha sido siempre un símbolo utilizado en muy distintas culturas desde los egipcios hasta la actualidad, siendo siempre inspiración para las distintas expresiones como: “fuente de creación divina”, “despertar de la conciencia”, como amuleto, y como de ofrenda a las divinidades.

 

El más famoso probablemente sea el Ojo de Horus de los antiguos egipcios, que fue amuleto popular, basado en sus leyendas aritméticas, y que según se creía preservaba de maleficios y potenciaba las facultades de su portador.

 

En la masonería aparece el Ojo de la Eternidad, que explica que es la Masonería que se hace cargo de su leyenda negra para desentrañar cuánto de verdad hay en ella.

 

En los Illuminati (“iluminados”), “El ojo que todo lo ve”.  Se cree que es el ojo de Lucifer y aquellos que dicen tenerlo, claman tener el control de las finanzas del mundo. Usado en adivinación, control psíquico, y toda corrupción trabaja a través de este emblema. Este es un símbolo de iluminación, parece ser el que aparece en los billetes de un dólar americano, llamado “El Gran Sello”.

 

En el cristianismo aparece dentro de un triángulo equilátero y es considerado el símbolo de la Santísima Trinidad. Tres lados iguales unidos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el salmo 33, 18 se dice: “He aquí el ojo de Dios sobre los que le temen. Sobre los que esperan en su misericordia.”

 

También en algunas culturas asiáticas destaca la importancia del “Tercer Ojo”, relacionado con la luz, la intuición y el mundo sutil.

 

En sentido negativo se habla del siempre temido “mal de ojo”, del que podemos decir que consiste en una creencia supersticiosa que se basa en el poder maléfico de la mirada de alguien sobre otra persona.