ASERTIVIDAD Y TOLERANCIA

 

Asertividad.

Ser asertivo es tener la capacidad para expresar o transmitir lo que se quiere, lo que se piensa o se siente sin incomodar, agredir o herir los sentimientos de la otra persona.

 

  1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
  2. Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
  3. Derecho a ser escuchado y tomado en serio.
  4. Derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.
  5. Derecho a decir “no” sin sentir culpa.
  6. Derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “no”.
  7. Derecho de opinión, idea o línea de acción.
  8. Derecho a cometer errores.
  9. Derecho a pedir información y ser informado.
  10. Derecho a obtener aquello por lo que pagué.
  11. Derecho a ser independiente.
  12. Derecho a decidir qué hacer con mis problemas, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.
  13. Derecho a tener éxito.
  14. Derecho a gozar y disfrutar.
  15. Derecho a mi descanso y aislamiento.
  16. Derecho a superarme.
  17. Derecho a no ejercer estos derechos

Como vemos todo son derechos pero siempre se recuerda el que no se violen los derechos de otra u otras personas. Eso es muy importante.

Tolerancia.

El Diccionario de la Real Academia Española la define así en sus tres primeras acepciones: 1. f. Acción y efecto de tolerar. 2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.3. f. Reconocimiento de inmunidad política para quienes profesan religiones distintas de la admitida oficialmente.

 

 

Aprender de todos

           

Cuando la filosofía hay que llevarla a la vida diaria, -o sea, a la práctica- es bueno aprender de todas las personas. Pero para aprender hay que estar abierto a querer aprender, y no sólo a censurar quien te lo enseña. Si partimos de la base de saberlo ya todo, es fácil caer en la tentación de censurar al emisor o al comunicador etiquetándolo: ¡ese es un antiguo!, ¡ese es un fascista!, ¡ese es un liberal!, ¡ese es de izquierdas!, ¡ese es de derechas!,  y así sucesivamente. Algunas veces hemos oído estas frases, hemos visto como se va etiquetando a la gente con esa ligereza y ello sirve de justificación para eludir lo positivo que podríamos aprender incluso del que consideramos de ideas totalmente contrarias a las nuestras.

 

Fuera dogmatismos

 

Un segundo paso muy importante para ello, es dejar de un lago los dogmatismos. Me refiero a lo que es “la pura verdad”, las cuestiones que no admiten una opinión contraria a los las que las postulan tienden a estrellarse, y por eso creo que si observamos detenidamente cuestiones que nos afectan a todos, nos encontramos como les sucede eso; podemos hablar de política, de economía, e incluso de la vida familiar. Si tu razón, no admite una “puesta en común”, o una adaptación a las ideas de los demás no te lleva muy lejos. Acaba siendo tu sola idea, y no una que sirva para el bien común.

 

Adaptarse a los tiempos

 

Cuantas veces en el ámbito familiar, o en el empresarial hemos oído, o hemos pronunciado eso de: “antes esto se hacía así”, o “siempre se ha hecho así”, y por parte de los jóvenes es más frecuente oír eso de,  “tu estás anticuado” “eso ya no se lleva”.

Tanto los que somos mayores, como los que sois más jóvenes tenemos razón, pero dentro de nuestra razón tenemos que buscar el nexo común a las dos ideas. No todo lo antiguo fue bueno, ni tampoco son buenas todas las innovaciones. Por ello hay que escuchar las razones de unos y de otros e intentar encontrar un término medio.

 

Francisco Pelegrina López