HOMO RELIGIOSUS

 

Hierofanía

 

            Para empezar a analizar el hecho religioso en el hombre hay que remitirse a los primeros seres humanos, que ya en sus comienzos empezaron por aceptar algunos simbolos, o actos como religiosos, o sea, como algo unido a su forma de vida.

 

            El término hierofanía, que quiere decir que algo sagrado se nos muestra, y es por ello que no necesita de ninguna explicación suplementaria en su definición[1]. En la historia de las religiones (desde las más primitivas hasta las actuales), todas ellas se han construído sobre una diversa acumulación de hierofanías, o sea por la manifestación de realidades sagradas. La hierofanía más elemental, (un arbol, una piedra, un lugar), hasta la hierofanía más suprema de cualquier religión, se trata siempre del mismo acto misterioso[2]. De algo que no pertenece a nuestro mundo, algo superior a este mundo “profano”.

 

            Es bastante paradojico que cualquier hierofanía elemental al manifestar lo sagrado, cualquier objeto (una simple piedra), se convierte en otra cosa, sin dejar de ser la misma. Desde el punto de vista profano, seguirá siendo una piedra, pero para el homus religiosus, se transmuta en algo sobrenatural y toda la nautraleza en su totalidad es supceptible de revelarso como sacralidad cósmica.

 

            Por todo esto, desde el hombre de las sociedades arcaicas hasta el hombre de todas las sociedades modernas, lo sagrado equivale a la potencia y en definitiva a toda realidad por excelencia, así el hombre religioso desea profundamente “ser”. Desea que su  “realidad”, forme parte de  su totalidad del Cosmos.

 

            Opuestamente el hombre de existencia profana en las sociedades modernas, desacraliza cualquier hecho, y por consiguiente se encuentra a veces ante situaciones muy difíciles para aplicarlas en su existencia cotidiana, y al no tener un soporte de complemento sagrado, acude a la realidad que le acoge día a día: familia, trabajo, etc.



[1] Resumen efectuado de: Mircea ELIADE: Lo sagrado y lo profano. Barcelona, Labor, 1994.

[2] Mircea ELIADE: Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Barcelona, RBA, 2005. Vol. I, p. 26-27: “Únicamente a partir del Paleolítico reciente disponemos de grabados y pinturas rupestres, guijarros pintados y figurillas talladas en hueso o piedra. En algunos casos –sepulturas y obras de arte-, y dentro de las limitaciones que examinaremos, existe cierta seguridad en cuanto a su intención “religiosa”. 

 

Dos formas de ser

 

            Por lo tanto tenemos claramente dos formas de ser o estar en el mundo: lo sagrado y lo profano. Dos formas que han persistido a lo largo de la historia del hombre. Es verdad que los dos modos de ser dependen de las posiciones que el hombre ha conquistado en cualquier sociedad, y por ello interesan (a unos más y a otros menos), a cuaquier miembro que forme parte de cualquier sociedad.

 

            Es verdad que esto puede analizarse y matizarse mucho más según la visión que se le pueda aplicar: filosófica, antropológica, psicológica, etc.

Pero si es verdad que a lo largo de toda la historia del hombre, ha sido según la economía, organización o la cultura de su sociedad , muy diversa su práctica religiosa. Por eso la Historia, es la que, según el momento, ha condicionado las sociedades más antiguas, hasta el hombre actual. Y en todas esas épocas, o situaciones sociales ha formado el hombre para que llegue a ser el homo religiosus.

Espacio sagrado

 

            A partir de los comienzos del homo religiosus, los hechos considerados sagrados ya le indican que estos hacen que el mundo no sea homogéneo, y por ello necesita crear espacios sagrados en donde se pueda desarrollar su religiosidad o actos de culto. Para  ello necesita de la creación de un espacio sagrado, “el único que es real, que existe realmente, y todo el resto, la extensión informe que le rodea”.[1]

 

            Es por esto que el hombre religioso se ha esforzado por establecerse en el “Centro del Mundo”, y para vivir en el mundo hay que fundarlo, por ello se hace necesario hacer una “creación del Mundo”, hay que construir un mundo a medida de nuestra creencia, para darle una lógica humana a su sentido religioso. Cosa que no sucede para el hombre profano, para quien el espacio es homogéneo y neutro. O sea, que el mundo es como es, y no necesita de otras configuraciones.

 

            Aún así hay que constatar que “el hombre que opta por una vida profana no logra abolir del todo el comportamiento religioso”. Tenemos que considerar “que incluso la existencia mas desacralizada sigue conservando vestigios de una valoración religiosa del Mundo”[2].



[1] Mircea ELIADE, Lo sagrado…, p. 25

 

[2] Mircea ELIADE, Lo sagrado…, p. 27