RE-BUSCAR EN LA HISTORIA

Cuando ya creemos que ahora se ha inventado casi todo, si echamos una miradita hacia atrás nos encontramos que ya eso estaba inventado. Y no me refiero, desde luego, a los teléfonos móviles,

ni a todas las TIC, ni a los robots fantásticos para hacer la comida, y tampoco me refiero a la inventiva extraordinaria y predictiva de Leonardo da Vinci.

Quiero traer a colación, dos pinceladas de historia.

La primera me recuerdan que las quejas sobre el medio ambiente no han surgido ahora con los defensores a ultranza de todo lo reciclable, conservable, o refundible, cuestiones que me parecen del todo encomiables.  En los años sesenta y setenta del siglo pasado, ya había “algún loco”, que se empezaba a preocupar de estas cuestiones. Cundía la preocupación por la contaminación de las ciudades, por conservar los árboles y por muchas otras cosas, que hoy gracias a los medios de comunicación se nos recuerdan continuamente.

En este caso concreto me refiero a un cantante, todavía vivo, aunque ya viejo, que allá por los años  setenta, (en concreto en 1972), escribió una canción criticando arduamente la contaminación ambiental, a raíz de la euforia surgida en aquellos años por emigrar a las ciudades, buscando los beneficios de las grandes urbes. Hoy ya se está viendo, que no todo eran ventajas.

Hablo de Adriano Celentano y de su canción “Un árbol de treinta pisos” (un albero de trenta piani), de la que pongo la letra y el enlace en Youtube, porque me ha parecido, que a pesar de los años, tiene bastante de actualidad.

 

Letra de la canción:

 

Es por tu manía

de ir a vivir

 a una ciudad,

y dejándonos está

tarados,

la metrópoli.
Como tú y yo con tal salud no hay aquí;

les oí decir: esos dos de ahí vienen del pueblo.
Se rieron,

divirtieron,

pues supieron,

que muy pronto nosotros también estaríamos como ellos.
Paliduchos,

como rascacielos,

con la cara de cera,

con la cara de cera,

ya no hay limpia ni la estratosfera

y así siempre será

mientras vivas en una ciudad.
En aquellos campos

tomabas conmigo el sol

y a nosotros nos cantaban

 

los pájaros en sus ramas.
Ahora en cambio aquí

en la ciudad los motores,

de automóviles,

van cantándonos

la marcha fúnebre,

y las fábricas

perfumando están

todo el aire

que oscurece un cielo tan negro,

oliendo que apesta.
El alcalde asegura que

la ciudad es moderna,

no hace caso si dices

que el cemento tapó tus narices,

el infarto es la moda,

quien no lo padeció, lo tendrá.
Ahora no respiro bien,

pues siento como un sofocón,

el aliento se me va,

no sé si no volverá.
Sólo veo ya que algo está naciendo,

es un árbol,

sí, es un árbol,

de treinta pisos…"

 


La otra pincelada, trata sobre la modernización en las ciudades y nos atañe muy de cerca a los granadinos, ya que se produjo en la Avenida de la Constitución, también hoy conocida por El Boulevard, y en el próximo-pasado siglo, como Avenida de Calvo Sotelo.

Corrían el año 1974, cuando se pensó en reformar esta famosa avenida, que contaba con unos árboles muy antiguos: “Aesculus hippocastanum”, o sea, castaños de indias, (en número de 430 exactamente), que hacían de la avenida un lugar hermoso para pasear y convivir, y para el tráfico rodado, contaba con dos vías estrechas en cada lateral y una vía central de doble sentido. Se cortaron los árboles (no sin polémica), se reestructuró la avenida, plantando otros árboles, -pequeñajos claro-, y ahí quedó la cosa provisionalmente. Digo provisionalmente, porque en 2007 se volvió a inaugurar la avenida, y mira por donde, volvió la urbanización a ser la misma que antes de 1974. Entonces se quitó el tranvía porque no era moderno, supongo. Ahora está todo “patas arriba”, para instalar un metro de superficie, ¡claro está!; o sea, otro tranvía.

Benditos gobernantes, “ilustrados” , que modifican las ciudades para mantenerlas modernas y funcionales, pero que nunca nos explican ¿para qué?

 

Esta mirada a la historia, sirva simplemente para recordarnos que ya está todo inventado, ¡cierto!, pero que nos sirva, -y que les sirva a los gobernantes- para no caer en errores, en los que otros cayeron, sino que procuremos construir fijándonos un poquito en la historia.